martes, 17 de julio de 2012

Pulsar

Justo cuando nos conocimos, te pasó lo del tobillo. Vi tus fotos en lo de facebook con esa bota gris, las típicas que ponen ahora, en vez de la bota blanca de yeso de antes. Entonces nos mandamos mensajes por primera vez y te conté mi accidente a caballo; que yo sabía lo que era estar con esa bota por meses y caminar con bastones.

Me preguntaste más detalles, de cómo había sido, que si me había recuperado bien y todas esas cosas. Te respondí que lo buscaras en google, que estaba en todas las noticias, que había sido famoso por el par de días que quedé perdido en el bosque y que todos me buscaron.

Luego no nos vimos más, luego pasó el tiempo, nos encontramos, nos pusimos de novios, nos fuimos a vivir juntos, nos casamos. Luego nunca más hablamos de ese asunto.

Y ahí se juntan las dos historias. Los caballos con la de la playa famosa que nos contaron que existía, cerca de Lenga, dando al Pacífico. La que buscamos en nuestra primera cita, y también en la segunda. La que creímos haber encontrado una vez, que sacamos fotos y luego supimos que no era.

Y ahí estamos, bajando el caballo del trailer, porque ahora sabemos donde queda la playa y que solo se llega a caballo. Te subes a una cerca, mientras observas ponerme las botas y ensillarlo.

Miro al caballo, gira la cabeza y me queda mirando.

En sus ojos veo la locura.

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