Pienso que es
un poco tarde ya y deberías haber llegado.
Pienso que ha
pasado mucho tiempo desde que nos conocimos, tenemos tantas historias juntos,
tantas cosas que nos han pasado.
Pienso
cuando nos conocimos y, para mi furia, insistías en hacerme gancho con tu
amiga, o cuando te toqué la rodilla de puro patudo, o cuando te quise tomar la
mano en ese almuerzo y me la quitaste, o cuando quería darte un beso, pero en
cambio, nos quedábamos conversando en lados opuestos de la mesa hasta las seis
de la mañana.
Pienso
cuando te di un té que vomitaste, o cuando te llamé en la mitad de la noche con
el nombre de mi ex, o cuando me dijiste que odiabas mi pésima manera de hablar,
o cuando te dije que te subieras al auto de una vez, o cuando te dije que
tenías que ir al cumpleaños de punta en blanco.
Pienso en nuestros viajes, como el que fuimos a esa playa con un muelle infinito, o a
ese lugar dónde te dio el ataque de risa porque la gente se sacaba fotos
asomando la cabeza en un cartel de tiroleses, o el de la cancha de fútbol en la
orilla del mar y en la mitad de la nada, o al otro dónde te doblaste el tobillo
y luego te mojaste entera y te devolviste con mi chaqueta puesta y nada más.
Pienso en eso,
cuando finalmente llegas.
Pienso que
te ves perfecta de blanco.