martes, 29 de mayo de 2012

Priodas


Pienso que es un poco tarde ya y deberías haber llegado.

Pienso que ha pasado mucho tiempo desde que nos conocimos, tenemos tantas historias juntos, tantas cosas que nos han pasado.

Pienso cuando nos conocimos y, para mi furia, insistías en hacerme gancho con tu amiga, o cuando te toqué la rodilla de puro patudo, o cuando te quise tomar la mano en ese almuerzo y me la quitaste, o cuando quería darte un beso, pero en cambio, nos quedábamos conversando en lados opuestos de la mesa hasta las seis de la mañana.

Pienso cuando te di un té que vomitaste, o cuando te llamé en la mitad de la noche con el nombre de mi ex, o cuando me dijiste que odiabas mi pésima manera de hablar, o cuando te dije que te subieras al auto de una vez, o cuando te dije que tenías que ir al cumpleaños de punta en blanco.

Pienso en nuestros viajes, como el que fuimos a esa playa con un muelle infinito, o a ese lugar dónde te dio el ataque de risa porque la gente se sacaba fotos asomando la cabeza en un cartel de tiroleses, o el de la cancha de fútbol en la orilla del mar y en la mitad de la nada, o al otro dónde te doblaste el tobillo y luego te mojaste entera y te devolviste con mi chaqueta puesta y nada más.

Pienso en eso, cuando finalmente llegas.

Pienso que te ves perfecta de blanco.

lunes, 28 de mayo de 2012

Mar


Estamos en un bosque, hay una neblina densa que hace todo un poco más memorable, paramos el auto en la mitad de la nada, tratamos de sacarnos fotos poniendo la cámara en el techo del auto.

Es extraño, te abrazo y quisiera decirte tantas cosas, pero es mejor no decir nada. Nos subimos al auto, prendemos la radio y escuchamos "We Found Love". Subes el volumen y me dices que baile. Hago unos movimientos torpes para hacerte reír.

El camino se vuelve cada vez más difícil y cerrado. Abrimos las ventanas para sentir el olor del bosque de eucaliptos gigantes que estamos tratando de cruzar. Llegamos a una bifurcación, tomamos la salida a la derecha que nos lleva a un portón cerrado. Nos devolvemos y tomamos hacia la izquierda que lleva a un camino peor aún, pero de una belleza impresionante.

No hablamos, apagamos la radio. El bosque se abre y llegamos a un acantilado donde golpea el mar levantando unas olas gigantes. Abajo vemos un caserío abandonado y los restos de lo que debe haber sido una ballenera.

Caminamos por un sendero que baja con mucha pendiente, nos acercamos a la orilla del mar embravecido. Saco la cuenta que para llegar a este lugar, nos hemos visto veinticinco días de nuestras vidas y tomado siete aviones.

Te miro adentrar en el mar caminando por un molo estrechísimo mientras las olas tratan de hacerte caer.

No se si sea digno de ti.

Siempre le he tenido miedo al mar.

jueves, 24 de mayo de 2012

Profecías


Son las once y treinta. Recién terminamos de comer y mi amigo Juan me dice que lo acompañe a saludar a alguien que está de cumpleaños. Tengo un poco de sueño, no tengo muchas ganas, pero siempre termina convenciéndome de que me va a presentar a alguien. Siempre el mismo cuento de que voy a encontrar a mi futura esposa, pero termino solo y aburrido.

Subimos por Apoquindo, doblamos un poco más arriba del Omnium y estacionamos el auto. El conserje nos dice por el citófono que no quedan estacionamientos de visita disponibles, así que dejamos el auto en la calle. Antes de subir, vamos a una botillería que queda en la esquina, hacemos la fila, compramos un vodka y algunas bebidas. Un par de Red Bull y cigarrillos.

Volvemos a cruzar la calle, entramos al edificio, hablamos con el conserje y subimos. Nos abre la dueña de casa, una mina de un poco más de treinta, muy simpática. Está sola con el que imagino que es su novio. Abrimos una botella de vino tinto, mientras Juan toma vodka.

Comienzan a llegar el resto de los invitados, curiosamente hay pocos chilenos. Llegan unos mexicanos, argentinos y no sé qué más. Ahora tengo más sueño. Miro los adornos mexicanos del mueble de la entrada, los afiches de películas que están en el pasillo, escucho Paul van Dyk con "Let Go", tomo más vino.

Entonces, suena el timbre, y entras tú.

Te miro.

Y todo se va a la mierda.

Maravillosamente.

lunes, 21 de mayo de 2012

Fantasmas


La misma escena. Está bien, es otro lugar, en otra época. Estoy más viejo, más racional, pero la escena en sí es la misma. Es tarde, de madrugada, los dos hemos tomado un poco, los dos estamos cansados, quizás quisiéramos hablarlo en otro día, a otra hora; pero no.

Ella abre la ventana de la terraza. Por un segundo pienso que quiere saltar. Que no puede aceptar que lo nuestro se está acabando porque no puedo soportar que me mienta. No es una mentira sobre si pagó o no la cuenta de la autopista. Me miente sobre su antiguo novio, que ahora descubrí que se siguen viendo, que ella dice que son sólo amigos, que no me lo dijo para que no sufriera más, para que no me pasara rollos.

Sólo atina a decirme que yo también le he mentido, que fue una tontera, que la culpa la tengo yo con mis celos. No hablo nada, porque no tengo mucho que decir. Para variar termino sintiéndome culpable, para variar  se me viene el peso de la noche. Como a Portales.

Quisiera salir corriendo, olvidarme de todo lo que planeamos, olvidarme de ella, del mundo. Pero esta vez hay algo diferente. Ella respira profundo para no llorar, me abraza de todas las maneras posibles, se para y camina para todos lados como un animal encerrado.

Me dice que mejor no sigue hablando, porque siente que la está cagando cada vez más.

La miro.

Pienso que debería decirle que nos casemos.

jueves, 17 de mayo de 2012

Pijamas


Hace frío, deberíamos prender la calefacción. Estoy tapado entero, metido en la cama con pijama desde temprano. Escucho cuando llegas, dejas tu cartera en el suelo, te sacas los zapatos en el living, vas hacia la cocina. Bajo el volumen del televisor y te escucho llenar un vaso con agua de la llave y tomarla con sorbos grandes.

Me hablas desde allá, me cuentas de tus clases, de las cosas que estás estudiando. Apagas las luces, entras a la pieza tecleando algo en la blackberry, me miras de reojo. Sueltas el teléfono, me abrazas y me das un beso cariñoso.

Vas al baño, tomas tus remedios para la migraña, vuelves a la pieza con el pijama en la mano y terminas de esparcirte una crema en la cara. Te desvistes al lado de la cama, apago el televisor y te miro.

Te quedas inmóvil por un rato y me preguntas sobre qué estoy mirando. Te digo que a ti, que eres demasiado guapa, que me encantas. Te ríes, me dices que eso no es verdad, que soy un mentiroso.

Me tapo la cara con la almohada y sin ver nada, te describo. Con precisión en todos los detalles que recuerdo. Desde tus cejas y tus pómulos, hasta ese lunar que tienes en el pie, cerca del empeine.

Me saco la almohada, te miro muerta de la risa y roja de vergüenza.

Te pones el pijama.

Me quitas el control remoto.

Me pides que te traiga otro vaso con agua.

martes, 15 de mayo de 2012

Remolinos


Para variar se me acaba la batería del celular. Justo cuando te iba a contar que me esperaras un rato más, porque estaba en un taco. Siempre lo mismo de todos los viernes. Miro las caras de la gente impaciente, comienza a atardecer, todos tocan las bocinas.

En la radio suena “Crossfire” de Brandon Flowers. Puede que sea una basura de canción, pero me recuerda mucho a ti. Quizás, y ahora que lo pienso, todo me recuerda a ti últimamente. Los autos no se mueven, canto la canción a los gritos. Una mina del auto de al lado me mira muerta de la risa y lejos de importarme, canto más fuerte, ahora mirándola fijamente.

Pasan los minutos y apenas avanzo un par de cuadras. Trato de tomar las calles laterales, pero es más de lo mismo. Avanzo otro poco y llego a la esquina de tu casa. Te veo desde el semáforo, apago la radio, te miro jugar con el celular.

Doy la vuelta, quedo al frente tuyo y no te das cuenta de que soy yo, porque ando en el auto nuevo de la oficina. Pienso que debería bajarme, tomarte en brazos, besarte como si se fuera a acabar el mundo. Pienso que debería decirte que me gustan tus medias con dibujos, tu abrigo, tus zapatos. Decirte lo maravillosa que eres y lo bien que lo paso contigo.

Entonces me ves, corres, te subes al auto y me das un beso.

Me dices que estás embarazada.

Te abrazo.

viernes, 11 de mayo de 2012

Despedida


Me acuerdo perfecto cuando te conocí. Fue un amor a primera vista, en realidad a primera lectura. Me encantaba leer los artículos que escribías, tus comentarios, lo que pensabas. Pensé que eras una persona inventada, o con un prodigioso talento de buscar información por internet. Pero no. Eras real.

Investigué quién eras, qué hacías, conseguí tu foto, te contacté. Fuiste igual de amable que tus escritos, y más interesante aún. Me llamó la atención lo bien que modulabas, tu humor fantasioso y técnico. Me acuerdo esa vez que te invité por primera vez a comer, esa vez que empezaste a describir tu plan de conquistar el mundo a través de un país africano. De cómo protegiendo a tu ejército del SIDA, ibas a dominar África primero y luego el mundo. Sin más armas que condones.

Me acuerdo que nadie rió mucho con el asunto, pero yo me maravillé contigo. Luego fue tu cumpleaños y te regalé un DVD de " Apocalypse Now" envuelto en una hoja de revista. Me acuerdo que te sorprendió un poco. Nunca supe si por el gesto, o porque te gustaba lo de "Walkürenritt" de Wagner. Me acuerdo que me fascinó tu mundo y tus amigos, me acuerdo cuando empezó el "por qué de la locura" con un mail. Me acuerdo de la regata en Temuco cuando nuestro bote casi se hunde pero de milagro llegamos y terceros.

Me acuerdo de anoche.

De la despedida.

Me acuerdo como el día más triste de mi vida.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Si lo preguntas


Nos juntamos en un café, me dices que esto no puede ser más, que te cuente lo que tengo con ella, que en qué minuto dejé de quererte, que cuándo me enamoré. Que por qué ella.

Te digo que es verdad. Que si tanto te importa, te lo cuento sin problemas. Que lo dije siempre, que lo nuestro no funcionaba por tu frialdad y porque nunca pudiste decirme que me amabas. Que me aburrí de estar contigo pero sentirme solo. Que me aburrí que te burlaras de mis historias y que me trataras de mentiroso y de soñador. Que me aburrí de tu poco compromiso y que siempre buscaras en mí la explicación de tu falta de amor.

Que sí, que es verdad que le conté mis historias, pero que ella es distinta. Que ella un día, me escribió las suyas, y no lo vi venir. Que no supe qué responder ni qué hacer. Que a todo esto, no era necesario hacerlo tampoco. Que no me dejó siquiera respirar, y me siguió escribiendo, y que ya no hubo vuelta atrás.

Que ella sí sabe dar besos y abrazos,  que ella sabe dormir abrazada, que sabe no dormir y hablar hasta las cuatro de la mañana.

La conversación sube de tono, la gente de las mesas de al lado, observan.
Me preguntas que si fue en la fiesta famosa cuando comenzó todo.

Te digo que no.

Que fue cuando le regalé una cuchara de palo.

Y un sartén.

domingo, 6 de mayo de 2012

Te lo digo ahora


Ya es como el cuarto día con la misma historia en que te cuento que te quiero decir algo, pero no encuentro el cómo. Pienso en experiencias que sirvieran para darte un ejemplo de lo que voy a decir, para que no suene antojadizo, o inoportuno, o sin valor, o estupidez.

Me levanto de la cama, miro tu tatuaje, tu ombligo que tanto te molesta, miro tus piernas que ganarían un concurso. No sé si es de noche o está amaneciendo, pero me quedo pegado mirando las nubes con forma de oso y el contraste de la ciudad todavía iluminada.

Entonces voy por un vaso de agua a la cocina y siento la alarma. Esa de incendios que suena como que se fuera acabar el mundo e imagino que algún estúpido hizo una broma. Sin soltar el vaso, abro la ventana del living, y veo las llamas salir del departamento justo debajo de nosotros, pero dos pisos más abajo.

Me fijo que hay varios carrobombas estacionados y que los bomberos me mueven las manos. Me hacen una seña o algo que no entiendo. Solo atino a saludarlos con el mismo gesto. El departamento se empieza a llenar de humo, y cierro la ventana. Me siento en el sillón y pienso que encontré las palabras para decírtelo.

Corro a la pieza, me meto en la cama, te hago cucharita y te hablo al oído.

Te digo que eres el amor de mi vida.

Te ríes.


Siento calor.

viernes, 4 de mayo de 2012

Las promesas


Te paso a buscar en el auto.  Te veo caminar, te subes. No sé cómo darte un beso, no sé qué hablar. Prefiero subir un poco la música, abrochar el cinturón de seguridad, bajar un poco la ventana.

Es de noche. Estamos contra el tiempo. Por culpa del feriado, todos cierran más temprano y no podemos encontrar esa torta de panqueque naranja que prometimos llevar cada año al cumpleaños de tu vieja. Es una promesa rara, porque en realidad no sé si le gusta tanto; o en realidad se transformó en un rito que nos junta una vez al año, en la misma noche fría de otoño.

Cada año es lo mismo, pasamos por ese lugar lleno de gente con el estacionamiento al lado. Ese donde duermen personas en la noche. Compramos la torta, tu le compras algo a los vagabundos y yo no digo nada. Luego te llevo a dónde tu vieja, te bajas, entras por la puerta del edificio y me voy. Nunca hablamos.

Pero esta noche es distinto, no encontramos la torta, hay un taco insoportable y me dices que es un mal signo. Entonces me desespero y te digo que me esperes. Corro por las calles, pregunto en todos los lugares por la famosa torta, corro otro poco, vuelvo a preguntar. Me doy cuenta que empiezan a cerrar ya, que se hace tarde y vuelvo con las manos vacías.

Entonces te veo.

Parada en la calle.

Con la torta en la mano.

Te abrazo.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Por una cabeza


Esperé por esta entrevista casi seis meses. En realidad por casi toda la vida, porque este es el trabajo que siempre quise. Estudié para esto, trabajé para esto, no dormí, no comí, pasé todas las desgracias posibles y aquí estoy.

Dos cajoneras a cada lado, una con una planta encima y otra con un marco de fotos con sus amigas o compañeras de trabajo, tal vez. En el marco de la ventana hay un botiquín tirado.

Trato de encontrar alguna cosa en común de la que pueda comentar en cuanto llegue. Algo para romper el hielo, algo que haga más fácil las cosas. Pero no. No la encuentro

Escucho sus tacos por el pasillo, escucho su voz y su risa en una conversación por celular que corta justo antes de entrar a entrevistarme. Me paro para saludarla; darle la mano o algo así, cuando sucede. No sé si fue que estoy comiendo mal, o los antibióticos, o los nervios, o la presión. Cuando me paro, en ese mismo instante, siento que me voy a desmayar.

Mientras voy cayendo, la arrastro conmigo al suelo. Para evitar caer sobre ella, logro caer en contra de la pared al lado del escritorio, quedando aturdido del cabezazo.


Finalmente quedamos acostados los dos juntos, uno al lado del otro.

Lleva puesta una blusa azul a rayas con unos pantalones negros.

Ella es perfecta.

Me mira, con su cara a cinco centímetros de la mía.

Me dice que quedo contratado.

Suelta una carcajada.