jueves, 27 de septiembre de 2012

Cuatrocientos dos


Dormí poco, comí mucho, tomé demasiado. No me acuerdo muy bien, pero no tenía ganas de levantarme. A duras penas puse "All Your Women Things" de Smog. Tomé un vaso de leche cultivada, o algo así, me metí a la ducha, abrí la ventana un poco, limpié el espejo empañado con la toalla de mano.

No recuerdo que ropa me puse, o si me afeité o no. Ni de la hora, ni si había sol o estaba nublado. Sólo me acuerdo de que llené un vaso de agua,  salí a la terraza, regué la planta que me regaló el Benja y me quedé mirando el árbol del frente por mucho rato. Es un encino. Eso creo al menos.

Entonces,  me llama mi vieja, me dice que me están esperando para empezar a almorzar, que me apure, que no lleve nada, que hay de todo, que todos ya llegaron. Pienso que siempre me han dicho que no cumplo lo que prometo, que soy abandonador, que soy torturador. Pero sigo pensando en lo contrario, que no cumplo todo porque prometo demasiado, que sienten que los abandono, porque cuando amo, lo hago con una intensidad que es imposible de mantener, que torturo para defenderme de la incomprensión.

Bajo, salgo a la calle, y antes de subirme al auto, miro la ventana de tu departamento.
Sé que estás con él.
Los ojos se me llenan de lágrimas, me arrepiento demasiado de haberte dejado ir.

Subo al auto, no parte.
No tiene batería.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Zona de promesas


Tengo mucho sueño, son las dos y cuarto de la mañana, tomo un café caliente. Para el frío, para despertar.  Para no quedarme dormido, en realidad. Miro la camioneta con todas mis cosas, que a todo esto son poquísimas. Miro la fila de camiones que pasan por la carretera en ambas direcciones, miro el letrero del precio de la bencina que imagino van a tener que modificar cuando el litro cueste luca.

Me acuerdo que Gonzalo está de cumpleaños hoy. Hace tiempo que no lo veo. En realidad hace tiempo que dejé de verlos a todos y no tengo muy claro en qué andan. Debería llamarlo en la mañana, aunque sea esa típica llamada que promete que nos veamos o algo parecido, y que nunca se cumple.

Termino el café, salgo, pero en vez de subirme al auto, me quedo hipnotizado pensando que todo lo que me queda, está en este auto, en la mitad de la nada. Camino un poco, me acerco a la carretera, le pregunto a los bomberos si estamos cerca de alguna ciudad, de algún pueblo, de algo. Me responden algo que no entiendo y prefiero no seguir preguntando.

Camino hacia el auto, pienso en ti. Me quedo mirando mi reflejo en el vidrio empañado. Tengo el pelo largo. Y la barba. Con el dedo dibujo un vaso lleno hasta la mitad. Pienso en que me dirías que es un vaso medio vacío.

Dejo las llaves sobre el techo.

Camino hacia el norte.