sábado, 26 de marzo de 2022

A media luz 2

Solo me escribiste que te fuera a buscar ya.

Altiro.
De una.
Como se diga.

Supe inmediatamente que algo malo te había pasado. Era martes. Los martes siempre tenías reunión hasta tarde y que te fuera a buscar a las cuatro no significaba nada bueno.

Se me apretó el corazón y solo se me ocurrió ir con las niñas y el perro.

No había tráfico, llegué muy rápido.
Estabas sentada en la vereda, abrazando una caja de cartón con tus cosas.
Con el colgante sin la credencial, con los ojos vidriosos, con la pena más grande que alguien pueda tener.

Te sorprendiste de que no viniera solo.
Y antes que dijeras algo, te dije que éramos una familia con perro y todo. Que íbamos a estar juntos en las buenas y en las malas.
Con gran sacrificio contuviste las lágrimas, sacaste tu mejor sonrisa y les hablaste a las niñas sobre su día, o algo así.

Los pocos minutos del viaje se hicieron eternos.
No supe muy bien que decir, quizás no había que decir nada.

Más tarde me contaste que te habían despedido, que eran trece años, que tenías pena.

Esa noche nos emborrachamos, te fuiste a acostar mientras yo salí a pasear el perro y fumar un cigarro. Traté de demorarme lo más posible para ver si estabas ya dormida.

Pero no.
Estabas completamente sin ropa sobre la cama.

Me hiciste un gesto para que me acercara.

Supe que todo iba a estar bien.


jueves, 18 de noviembre de 2021

Diez

Se suponía que me iban a emparejar con la dueña de casa, pero nunca fue así. Nunca entendí muy bien para qué me habían invitado a la fiesta, si en realidad la mina estaba pololeando con un vendedor de calzoncillos y yo no conocía a nadie.

Me entretuve, un poco, tratando de descifrar a los invitados, entender sus historias, quiénes estaban emparejados, y dejar que pasara el tiempo en lo posible, para que no se me notara lo aburrido que estaba y las ganas de irme a dormir.

Lo peor de todo es que todos me miraban y se preguntaban quién era yo y qué cresta estaba haciendo ahí. Igual se supone que era el cumpleaños de una amiga de la dueña de casa, pero no recuerdo la torta. Si recuerdo a la amiga. Sus zapatos. Y que tenía un diente chueco.

El amigo con que andaba, culpable de esta situación, tampoco me pescaba mucho. Las horas pasaban y todo seguía de mal en peor.

Entonces llegaste.
Me acuerdo de tu falda corta con lunares, tu polera blanca, tus dientes grandes y tu cara de ardilla.
Me acuerdo de tu olor, de tus piernas, de tu conversación.
Por mucho rato logré tener toda tu atención para mí y fuiste todo lo que quise hasta ese minuto.

Siempre supe que íbamos a estar juntos, que tendríamos dos hijas y como se iban a llamar.

No imaginas cuanto he tratado de huir de ese destino.
No imaginas cuanto te he amado.

miércoles, 14 de julio de 2021

Martes 13

Volvemos de la clínica en silencio.

Los resultados no son los que esperábamos.

Ya es inevitable.
Me queda poco tiempo, y no hay mucha vuelta que darle.

No dices nada.
Solo eres tan cariñosa como siempre.
Me tocas la cabeza, el pelo, me regalas tu sonrisa, pero tienes esa mirada melancólica que la disimulas mirando por la ventana.

Estás un poco distinta.
Me discutes todo, me haces bromas por cualquier cosa, te ríes de mis defectos como antes no te permitías hacerlo.
Eso me hace feliz, siento que eres la mejor compañera, pero no encuentro las palabras para decírtelo.

Te cuento algunas historias antiguas.
Malas historias, de novias pasadas, en un intento estúpido por querer decirte que eres lo mejor que me pasó en la vida, pero cómo siempre dijiste; “lo bueno, dura poco”.

Pones cara de sorpresa y desaprobación.


Nunca te dije que me encantaba contarte historias, porque aparte de burlarte, siempre me hacías un comentario que me dejaba algo importante para pensar.
Para sentir.

Me desvío del camino hacia la casa, paramos en la tienda de un buen amigo.
El que hace vestidos de novia.
Te ríes, me preguntas si es en serio.

Está un poco lleno.
Cruzamos a comprar un cappuccino.
Volvemos, y sin mucha explicación, te toman las medidas.
En un vidrio, y con un plumón negro, dibujan tu silueta perfecta.

Te ves más hermosa y feliz que nunca.
Tengo claro que puede que nunca lo vea terminado.

Te pido que nunca me olvides.

sábado, 10 de julio de 2021

Top Ten

Nunca hablamos de nuestras historias pasadas.

Fue como una especie de pacto implícito.
De hecho una vez me empezaste a contar de algunas malas experiencias que te habían sucedido y rápidamente cambiábamos de tema.

Cuando yo empezaba con lo mismo, me auto censuraba y te decía que mejor habláramos de nosotros y que no perdiéramos el tiempo en historias fomes.
Así pasamos mucho tiempo y no sé si tenía una opinión al respecto, pero me parecía que estaba bien.

Hasta que pasó lo de ese día en que nos metimos en un taco infernal, y entre que teníamos mucho tiempo para hablar, que te estaba dando besos y haciendo cariño en la espalda; que fue que apareció el tema.

Me preguntaste por qué tú.
Por qué me había atrevido a emparejarme contigo y  a decirte que te amaba si la cosa no pintaba para nada bien desde un principio.
Traté de excusarme en que había tenido alguna señales tuyas, alguna demostración de cariño o algo, pero no logré decir nada en el fondo.

Traté de responder con preguntas, pero no me dejaste.
Me fuiste acorralando en la conversación y lejos de sentirme incómodo, me sentí tonto por no poder hablar.

Entonces, cuando llegamos a la casa, me pasaste un papel y un lápiz y me pediste que te hiciera una lista de las diez cosas que definitivamente me enamoraban de ti.

Pasé horas escribiendo.
Finalmente boté todo, agarré un papel en blanco y escribí

1-10 : Tu cuello.

viernes, 9 de julio de 2021

Paulina

¿Quién te va a decir que ya es muy tarde cuando todos te digan que recién está empezando, y sea verdad?

¿Quién te dirá que las cosas no son tan buenas, aunque siempre queramos creer lo contrario?

No puedes seguir pensando que nada va mal, porque me voy a romper en mil pedazos y pienso que tú al menos en cien.

¿Quién va a llevarte a casa esta noche, aunque no tengas a dónde ir y yo no tenga cómo hacerlo, ni cómo contártelo?

¿Quién te recogerá cuando te caigas, aunque yo ya no exista nunca más en este mundo, o en tu mundo al menos, o en ningún mundo de nadie?

¿Quién te colgará cuando llames, aunque nunca más me llames y ya me hayas olvidado por completo?

¿Quién le prestará atención a tus sueños, aunque sean sueños con otros y nunca en este puto mundo hayas soñado conmigo?

¿Quién se tapará los oídos cuando tu grites, aunque tus gritos en la noche fueron la cosa más increíble que me pasó en la vida?

¿Quién te abrazará cuando lo desees, aunque siempre me dijiste que había una fila de imbéciles queriendo hacerlo, y no puedo soportar siquiera pensarlo?

¿Quién acudirá a ti cuando te rompas, aunque me juraste por tu vida que nunca te ibas a romper?

No puedes seguir pensando que nada va mal, porque te echo tanto de menos que me gustaría que estuvieras siempre conmigo.

Me voy a hacer un tatuaje.

Una M.

De martes.

miércoles, 7 de julio de 2021

Epidural

Te dije cara de palo que te amaba.

Así no más.
Sin anestesia.
Sabías que no mentía porque prácticamente tuviste mi corazón en tu mano.

No era porque hubiéramos hecho el amor, o porque por era tarde y tenía sueño o porque me estaba quedando dormido, o porque estaba oscuro y habías perdido un aro en la cama y eso me causaba mucha risa y felicidad.

Todavía no terminaste de entenderlo.
Era simple.
Sólo te amaba en ese minuto porque no quería nada más en la vida.
Quería perderme para siempre en esa sensación de que daba lo mismo si todo se iba a la mierda, porque ese momento lo iba a atesorar para siempre.

Porque mientras más perdido me sentía, más apareció tu olor y tu sabor inolvidable.
Porque mientras más racional e incrédula te ponías, yo buscaba el cliché más absurdamente cliché para gritarte que me habías vuelto loco.

Hubiera aprendido poemas de Rimbaud y te los hubiera recitado a viva voz.
Hubiera aprendido a tocar guitarra y te hubiera cantado canciones de Eduardo Gatti o Silvio.
Hubiera aprendido a comprarte flores y llenarte de chocolates.
Hubiera leído esos libros de autoayuda para poder enfrentar nuestra relación.

Pero no.

Solo te dije que te amaba y punto.
Sin anestesia.

Pasaron los días y no me dijiste nada.
Tuve miedo que me encontraras un ridículo.

Entonces, después de un tiempo, en el auto, me dijiste que nunca habías llorado en tu vida.

Te miro.
Te corren las lágrimas.

lunes, 5 de julio de 2021

Buenas noches Octavia

Te miro.

Eres hermosa.
Te balanceas en la silla. Me imagino que nunca te vas a caer.
Miras por la ventana y me dices que ya no escucho música.
Que si lo olvidé.
No me canso de mirarte y no logro conformarme con que lo nuestro ya no va más.

Agarras el teléfono.
Escribes un texto.
Estoy seguro de que le escribes a él.
Cada vez que lo haces tienes esa risa en la boca que antes me dedicabas a mí, pero ya nunca más.

Intento sacarte una sonrisa y pongo “Barro tal vez”.
Pero sigues en tu teléfono escribiendo y riéndole a otro.
Giras la cabeza hacia el respaldo de la silla, te tocas el mentón, te tocas los labios.

Trato de hacer memoria de cuándo fue la última vez que reímos juntos y no tuve este miedo del orto.
Trato de no llorar frente a ti, porque sé que no te gusta que lo haga si no hay un buen motivo para hacerlo.
Me voy rompiendo en mil pedacitos pequeños.
Sigues con tu teléfono.
Sigues en un lugar muy lejos de aquí.

Subes los pies arriba de la mesa y no me miras.
Es tu manera de dejarme que te deje partir.
Te tocas la frente, frunces el sueño, te muerdes la comisura de los labios.

Entonces llega el coro.
Sueltas el teléfono, tomas aire y gritas a todo pulmón:

“Ya lo estoy queriendo”.

Te paras, haces una reverencia, agarras el teléfono y te vas.