lunes, 24 de junio de 2019

Los nombres


Era tarde y me estaban esperando.

Las dos sentadas en la cocina con el cuaderno abierto y un lápiz pasta azul encima en el puesto vacío de la mesa que supuse era el mío.

Vestidas iguales, balanceándose en las sillas, tocando el suelo apenas con la puntas de los pies.

Y entonces empezó el interrogatorio de por qué se me había ocurrido los nombres de Ornella y de Olimpia para ellas. Que en el colegio les habían preguntado. Que era para una tarea.

Sabían perfectamente que los había elegido mucho antes.

Mucho antes de conocer a la Paula.

Pensé rápido.
Imaginé contándoles sobre algo una estrella de cine, sobre la madre de Alejandro Magno.
De una película de Woody Allen y de las serpientes domesticadas.
De la película de Flash Gordon y del sueño sobre el rayo que cayó en el vientre.

Cosas épicas.

Pero antes de que pudiera decir nada; sacaron un papel y lo pusieron arriba de la mesa. Era un cuento que había escrito muchos años atrás; antes de que nacieran y en el que las describía perfectamente. Era una predicción perfecta de sus rasgos físicos, de sus personalidades, de sus defectos y sus virtudes.

No supe a dónde lo habían encontrado, pero el asunto no les causaba mucha gracia. Había algo de enojo, pero también de curiosidad.

Entonces, les tuve que decir la verdad.


“Soy un viajero del tiempo”.


Lo escribieron en el cuaderno.

Lo metieron en una de las mochilas.

Calentamos una pizza.

martes, 11 de junio de 2019

Los Patipelados


Para nuestra consultora eran ideales estas metidas de pata.

Mientras menos forzado el error; más cobrábamos.

Pero pasó esto de que "Cualquier patipelado se siente con el derecho a insultar a alguien que trabaja en el servicio público" y ya no nos hizo gracia.

Nos citaron a reunión a la casa de Suecia. Me dijiste que fuera yo. Que no me demorara y llegara temprano para acostar a las niñas.

No había estacionamiento, llegué un poco tarde.

Hubo un silencio. Me imagino que por mi cara.

Les expliqué que muchos de nosotros veníamos de ser patipelados o de generaciones orgullosas de haber logrado, a punta de esfuerzo propio; escapar de esa condición.

Que en nuestras peores pesadillas; estamos sin zapatos.

Les conté una historia de mis veranos en Chamiza. De Carlitos y Marcos, un par de hermanos patipelados con los que jugábamos a la pelota.
Que en ese entonces ya sabíamos que había que emparejar la cancha, y que para eso, todos los primos nos sacábamos los zapatos para jugar de igual a igual.

Que nunca fueron ellos contra nosotros si no que jugábamos todos mezclados.

Hubo más silencio.

Les dije que no había nada más que hacer que disculparse.

Volé a la casa.

Llueve intensamente. Hace un frío de mierda.

Me saco los zapatos mojados. Entro a la cocina.

Te veo sirviéndoles café caliente a los tres conserjes que se frotan las manos para recuperar el calor.

Manuel, el más viejo, tiene puestos mis zapatos italianos regalones.