domingo, 6 de mayo de 2012

Te lo digo ahora


Ya es como el cuarto día con la misma historia en que te cuento que te quiero decir algo, pero no encuentro el cómo. Pienso en experiencias que sirvieran para darte un ejemplo de lo que voy a decir, para que no suene antojadizo, o inoportuno, o sin valor, o estupidez.

Me levanto de la cama, miro tu tatuaje, tu ombligo que tanto te molesta, miro tus piernas que ganarían un concurso. No sé si es de noche o está amaneciendo, pero me quedo pegado mirando las nubes con forma de oso y el contraste de la ciudad todavía iluminada.

Entonces voy por un vaso de agua a la cocina y siento la alarma. Esa de incendios que suena como que se fuera acabar el mundo e imagino que algún estúpido hizo una broma. Sin soltar el vaso, abro la ventana del living, y veo las llamas salir del departamento justo debajo de nosotros, pero dos pisos más abajo.

Me fijo que hay varios carrobombas estacionados y que los bomberos me mueven las manos. Me hacen una seña o algo que no entiendo. Solo atino a saludarlos con el mismo gesto. El departamento se empieza a llenar de humo, y cierro la ventana. Me siento en el sillón y pienso que encontré las palabras para decírtelo.

Corro a la pieza, me meto en la cama, te hago cucharita y te hablo al oído.

Te digo que eres el amor de mi vida.

Te ríes.


Siento calor.

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