Ya es como
el cuarto día con la misma historia en que te cuento que te quiero decir algo,
pero no encuentro el cómo. Pienso en experiencias que sirvieran para darte un
ejemplo de lo que voy a decir, para que no suene antojadizo, o inoportuno, o
sin valor, o estupidez.
Me levanto
de la cama, miro tu tatuaje, tu ombligo que tanto te molesta, miro tus piernas
que ganarían un concurso. No sé si es de noche o está amaneciendo, pero me
quedo pegado mirando las nubes con forma de oso y el contraste de la ciudad
todavía iluminada.
Entonces voy por un vaso de agua a la cocina y
siento la alarma. Esa de incendios que suena como que se fuera acabar el mundo
e imagino que algún estúpido hizo una broma. Sin soltar el vaso, abro la
ventana del living, y veo las llamas salir del departamento justo debajo de nosotros,
pero dos pisos más abajo.
Me fijo que
hay varios carrobombas estacionados y que los bomberos me mueven las manos. Me hacen
una seña o algo que no entiendo. Solo atino a saludarlos con el mismo gesto. El
departamento se empieza a llenar de humo, y cierro la ventana. Me siento en el
sillón y pienso que encontré las palabras para decírtelo.
Corro a la
pieza, me meto en la cama, te hago cucharita y te hablo al oído.
Te digo que
eres el amor de mi vida.
Te ríes.
Siento calor.
Siento calor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario