Estamos en un bosque, hay una neblina densa
que hace todo un poco más memorable, paramos el auto en la mitad de la nada,
tratamos de sacarnos fotos poniendo la cámara en el techo del auto.
Es extraño, te abrazo y quisiera decirte
tantas cosas, pero es mejor no decir nada. Nos subimos al auto, prendemos la
radio y escuchamos "We Found Love". Subes el volumen y me dices que
baile. Hago unos movimientos torpes para hacerte reír.
El camino se vuelve cada vez más difícil y
cerrado. Abrimos las ventanas para sentir el olor del bosque de eucaliptos
gigantes que estamos tratando de cruzar. Llegamos a una bifurcación, tomamos la
salida a la derecha que nos lleva a un portón cerrado. Nos devolvemos y tomamos
hacia la izquierda que lleva a un camino peor aún, pero de una belleza
impresionante.
No hablamos, apagamos la radio. El bosque se
abre y llegamos a un acantilado donde golpea el mar levantando unas olas
gigantes. Abajo vemos un caserío abandonado y los restos de lo que debe haber
sido una ballenera.
Caminamos por un sendero que baja con mucha
pendiente, nos acercamos a la orilla del mar embravecido. Saco la cuenta que
para llegar a este lugar, nos hemos visto veinticinco días de nuestras vidas y
tomado siete aviones.
Te miro adentrar en el mar caminando por un
molo estrechísimo mientras las olas tratan de hacerte caer.
No se si sea digno de ti.
Siempre le he tenido miedo al mar.
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