miércoles, 9 de mayo de 2012

Si lo preguntas


Nos juntamos en un café, me dices que esto no puede ser más, que te cuente lo que tengo con ella, que en qué minuto dejé de quererte, que cuándo me enamoré. Que por qué ella.

Te digo que es verdad. Que si tanto te importa, te lo cuento sin problemas. Que lo dije siempre, que lo nuestro no funcionaba por tu frialdad y porque nunca pudiste decirme que me amabas. Que me aburrí de estar contigo pero sentirme solo. Que me aburrí que te burlaras de mis historias y que me trataras de mentiroso y de soñador. Que me aburrí de tu poco compromiso y que siempre buscaras en mí la explicación de tu falta de amor.

Que sí, que es verdad que le conté mis historias, pero que ella es distinta. Que ella un día, me escribió las suyas, y no lo vi venir. Que no supe qué responder ni qué hacer. Que a todo esto, no era necesario hacerlo tampoco. Que no me dejó siquiera respirar, y me siguió escribiendo, y que ya no hubo vuelta atrás.

Que ella sí sabe dar besos y abrazos,  que ella sabe dormir abrazada, que sabe no dormir y hablar hasta las cuatro de la mañana.

La conversación sube de tono, la gente de las mesas de al lado, observan.
Me preguntas que si fue en la fiesta famosa cuando comenzó todo.

Te digo que no.

Que fue cuando le regalé una cuchara de palo.

Y un sartén.

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