martes, 31 de julio de 2012

Los tuyos y los nuestros


Lola no termina nunca de armar su maleta. A pesar de que echó todos sus vestidos y sus zapatos de charol, dice que le falta un poco, que la esperemos. Se parece tanto a ti, aparte de las orejas, del pelo negro largo, de las cejas; se parece en que se demora una eternidad en estar lista para salir.

Ramuntcho espera sentado sobre su mochila. Es pequeña, bien armada, con lo justo y necesario. Me mira con cara de risa por mi desesperación de no poder partir. Escucha un Ipod, canta en inglés perfecto canciones de hace diez años atrás. Es tan distinto a ti y a mí.

Nos subimos al auto, subimos por Santa María, llamo por celular para que baje el triple pack, como cariñosamente los bautizaste.

Pablo viene con su mochila, con una bolsa con los zapatos de los dos, y con un bolso de mano en que trae su ajedrez, el computador y los juegos del Rafa. Pablo le cuesta mirar a los ojos. Cuando lo hace, se queda mirando de lado, como pensando.

El Rafa saluda a los más chicos poniéndoles caras divertidas. La Lola y Ramuntcho le celebran todo, mientras Pablo mueve la cabeza con desaprobación. El Rafa es el centro de mesa y el alma de la fiesta.

La Verito se acerca a mi ventana, me dice que quiere manejar ella.

Nunca le diría que no a algo que me pidiera.

Pasamos a Huentelauquén, a comer empanadas.

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