miércoles, 30 de junio de 2021

El delicioso

Siempre quise más de ti.

En realidad lo quería todo y me lo diste.

O casi.
Siempre quedó ese pendiente y a medida que llevábamos más tiempo juntos, el tema empezó a aparecer. Primero medio en broma, luego no tanto.

Te pregunté por qué me lo negabas.
Al principio evadiste las preguntas y luego me confesaste la verdad.
O a medias. O eso creo.

Algo de unas experiencias anteriores con tus ex novios que no funcionaron.
Como que lo hiciste con todo tu cariño y dedicación, pero no fue apreciado.
Que después se volvió una lata y, no me lo dijiste, pero en la nostalgia de tus ojos noté un desagrado. Un cierto hastío de la situación que transformó mi curiosidad estúpida en preocupación.

Pensé en preguntarte más sobre el tema, pero me dio miedo que sintieras que me estaba obsesionado con la cuestión.
Que era un bruto más de la colección y que no representaba ninguna diferencia.
Tuve miedo que fuera algo mucho más grave de lo que me contaste, y eso explicaría muchas cosas, pero fui un cobarde y no me atreví por miedo a develar una historia muy fea.

Dejé pasar el tiempo, me hice el tonto.
Pero siempre que estábamos ahí, existía la incomodidad si dar el paso y romper ese mito.

Finalmente la vida nos separó.
Pero nos volvimos a juntar más pronto que tarde.

Y entonces, me lo diste.

El mejor pollo al cognac del universo.
La famosa receta de tu familia.

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