domingo, 20 de junio de 2021

Legacy

 

Siempre llegas a las 6.
No entiendo por qué mierda llegas a esa hora si el colegio abre a las 7:30.
Religiosamente te estacionas al frente de mi casa, de tal manera que pueda verte. Un Subaru Legacy 97 gris desteñido y asqueroso.

A las 7:25 se baja tu hijo del auto. Es hermoso, igual a ti. Te da un beso y entra al colegio. Lo esperas toda la mañana leyendo un libro. Luego vuelve y lo obligas a limpiarse las suelas de los zapatos antes de subirse y partir.

Durante todo ese lapso de tiempo no puedo salir de la casa.
El miedo a mirarte directamente a los ojos me bloquea y prefiero quedarme acá.
He visto crecer a tu hijo en este proceso y nunca me he animado a salir.

Hasta que creció tanto que salió del colegio y en ese marzo esperé ya no verte.
Pero nuevamente estabas ahí.

De pura rabia salgo a enfrentarte, empuño la mano y me encuentro cara a cara contigo, parada frente a mi puerta.
Te digo que la cortes, que mantengo lo que te dije que prefería que nos separáramos antes de que rompieras mi corazón.
Que te daba lo que quisieras. Un viaje. Muchos viajes.
Pero que no podía seguir.

Me miras con tu risa diabólica que tanto adoraba.
No dices nada.
Con una mano te subes el polerón, dejas a la vista tu cintura perfecta y con la otra te acaricias cerca del ombligo.

Ya empezaste de nuevo.

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