jueves, 24 de junio de 2021

Sin disfraz

Vivo en Buenos Aires.

Estoy sobrio hace un rato, tengo un trabajo a medio tiempo, estoy empezando de nuevo.
Tomo un taxi, voy al hotel Savoy, entro al lobby, pregunto por mi amigo Juan Hundred.

Espero un rato ojeando el Instagram, aparece Juan, pedimos café y medialunas, y le cuento a lo que vine.

Quiero escribir como vos, no quiero seguir más en lo mío.


Escribir que no quería tragar esos garbanzos ni esa carne quemada.
Escribir que quería agarrarla del pelo y sacarle la ropa en la mitad de la cocina.
Escribir que quería manosearle el culo tan fuerte que le iba a sacar un pedazo.

Entonces me interrumpe y empieza a preguntar qué cosas se me vienen a la cabeza.
Sin pensarlo.
Como imágenes. Que cierre los ojos. Como el yoga. O la meditación. O alguna de esas boludeces.

Inevitablemente pienso en ti.
En que no puedo olvidarte.
En que me hubiera encantado no haber sido tan pelotudo y haberte dicho lo que me pasó ese martes.
Haberte dicho que cuando estabas ahí, y te miré fijo a los ojos, no me salieron las palabras para decirte lo mucho que me importabas.
Que cuando te toqué las cejas y te dibujé con los dedos, me empecé a enamorar como un pibe de 15.

Entonces, escucho una carcajada, abro los ojos y toda la gente del lobby nos mira.
Juan se pone de pie, aun riendo, se abrocha la chaqueta, me habla;

“Flaco, pagá vos la cuenta”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario