martes, 29 de noviembre de 2011

Príncipe de papel

Somos irresponsables, es definitivo. No fue una buena idea haber salido anoche.
Despierto asustado por un poco de luz que se cuela a través de las cortinas y miro la hora en el celular.

Es tarde.

El pánico me invade; no vamos a llegar.
Me da una risa nerviosa, despiertas y te sientas sobre la cama de un salto.
Miras la hora, te tapas la cara con las dos manos.

Me doy el tiempo de perder el último minuto dándote un beso. Te paso la misma ropa que está tirada en el suelo, te la pones y no hablamos nada. Abandonamos las maletas listas, una bolsa con encargos y la cámara de fotos.

Te paso tu casco, tomo el mío, saco la mochila negra del clóset, meto todo lo que cabe adentro. Me miras con cara de culpable, te miro con una mueca fingida de enojo.

No cortamos el agua ni el gas, no recuerdo si puse la alarma.

Salimos a la Costanera Norte al borde del suicidio, sexta a fondo. Llegamos y corremos a la puerta de embarque 27, la mujer del counter nos mira con rabia y algo de envidia.

Habla un par de cosas por radio, nos hace pasar y seguimos corriendo.

Toda la gente, ya sentada en el avión, nos mira con desaprobación. Peor aún que nos hayan sentado en asientos de business como premio a nuestra tontera.

Te sientas, te pones tus lentes, comienzas a hojear una revista.

Pido un vodka tónica.

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