domingo, 27 de noviembre de 2011

Mejor imposible

Quedamos en juntarnos un cuarto para las diez, y llegas puntualmente. Nuestra conversación no va muy bien, además siempre terminamos riéndonos de todo y no tomando nada en serio. Llevo mucho tiempo pensando en que quiero decirte que me gustas, que podríamos intentar tener algo estable.

Torpemente, termino hablando de la gente de la oficina.

Nos sentamos en la sala, desabrochas el cierre de tus zapatos, te los sacas y apoyas los pies sobre el respaldo de adelante. Se apagan las luces y ya no hablamos más.

Las sinopsis se me hacen interminables, así como ver por segunda vez una película que no te hace ninguna gracia. No te ríes en los momentos divertidos. Todo lo contrario; suspiras con desaprobación y aburrimiento sin querer esconderlo.

Está claro que todo esto es un fracaso, y quiero que termine pronto para cortarla.

Sin embargo, quisiera girar la cabeza y mirarte en la oscuridad. Imagino que es la última vez que nos veremos. No me gustan estos asientos tan anchos, porque no existe la posibilidad de rozar tu mano por casualidad. No me gusta estar en este puto lugar mirando una película, porque quisiera preguntarte donde compraste esos zapatos y si todavía haces clases en la universidad.

La espera se hace eterna, me siento mal. Termina la película y me comentas que no te gustó.

Salimos, no hablamos nada.
Hace mucho frío.
Caminamos hacia las máquinas de los estacionamientos.

Te detienes, me miras con los ojos brillantes.

Me pides una luca.

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