jueves, 17 de noviembre de 2011

Míreme

Bajo los escalones con mucho cuidado. Ayer nevó y todavía quedan algunos manchones de de nieve por toda la plaza. La rodilla me duele todavía, trato de levantar los talones al caminar, de tal manera de que no se note mi cojera.

Imagino que llegaste un rato antes y que me estás mirando. Son unos cien metros los que debo recorrer caminando para llegar al café en donde quedamos en juntarnos. Es una eternidad. Parezco un imbécil sintiéndome observado. Para peor estacioné el auto en el lugar más visible de la cuadra.

Miro la gente del café, pero no estás. Saludo a algunos que conozco y entonces te veo llegar. Te bajas de un auto negro con un hombre algo mayor, intercambian un par de palabras. Él se sube ahora por el lado del conductor y avanza lentamente hasta perderse.

Te acercas hacia mí y en una reacción estúpida, sigo hablando con la gente, haciendo como que no me hubiera enterado de que llegaste.

Saludas a todos, me miras y me abrazas afectuosamente. Nos sentamos, pedimos algo y hablamos. Irremediablemente, me equivoco una vez más y termino hablando de mí, olvido hacerte muchas preguntas que quería hacerte, hago otras que nunca debí preguntar.

El tiempo pasa rápidamente. Pago la cuenta, caminamos hacia el auto, noto que miras mi cojera. Para hacerme el gracioso, te prometo que la próxima semana voy a caminar bien.

Te detienes, me observas muy fijamente.

Miro tu cara de impresión.

Me sale sangre de narices.

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