- Dime dónde estuviste anoche -
- Dime conchadetumadre -
Siento su voz distorsionada por los gritos y por el nudo en la garganta. Me quedo en silencio, prefiero no responder, porque sé que será para peor.
Ella sabe la verdad.
Ayer me llamó la Claudia con una crisis de pánico y una vez más dejé todo botado por ella. Nos quedamos conversando hasta que se calmó, luego la acosté en su cama y me dediqué a lavar el cerro de platos sucios y tratar de ordenar el desorden acumulado de semanas.
Luego miré por enésima vez las fotos de la época de universidad, le escribí una nota y partí.
- ¿Me vas a contestar o no? - insiste la Mane, con el tono cada vez más alto.
No le quiero hacer daño. Ella no comprende mi relación protectora con la Claudia, después de tantos años que ya no estamos juntos.
Los gritos se confunden con sus lágrimas, trato de poner cara de culpable arrepentido, pero ella lo único que busca es que le diga la verdad que no quiere escuchar.
-¿Quieres que te saque la mierda? - me amenaza desde el otro lado del comedor. Yo no me atrevo a mirarla a los ojos, ni tampoco a hablarle. Quisiera abrazarla, pero creo que sería para peor.
Pasan los minutos, no hablamos.
Camina y se pone atrás mío.
Siento el golpe más doloroso del universo en mi cabeza.
Miro su reflejo en la ventana.
Odio ese maldito candelabro.
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