viernes, 28 de octubre de 2011

La foto

Me avisa la Silvia, mi secretaria, que tengo que sacarme una foto para el libro que estoy publicando. Durante dos días es el tema de la comida en la noche, con la Cata y los niños. Todos opinan que debiera afeitarme y ponerme una camisa blanca que es la que me queda mejor.

Yo los miro a todos con aburrimiento, dejo que opinen y bromeen al respecto. Me acuesto pensando en que debí haber mandado esa foto que me sacó la Cata hace tiempo.

Finalmente al día siguiente vienen los de la editorial a sacar la famosa foto. Suena el timbre, le digo a la Silvia que los haga pasar al escritorio. Me hago esperar y bajo a los cinco minutos.

Encuentro solo una mujer, con un bolso que parece de un astronauta, esperándome de pie, mirando en detalle las fotos que tengo colgadas en la pared. Me dice que salgamos al jardín. Es una mujer de unos cuarenta años, pelo crespo negro, la frente amplia, con hoyuelos en las mejillas cuando ríe.

Hermosa.

Le pone a la cámara un lente gigante, me ordena sentarme en una pirca de piedra, y me saca fotos a mucha distancia. Hace varios intentos de hacerme reír. Me insiste en que me suelte, que no sea tan serio.

No hay caso.

Entonces deja la cámara en el pasto, se acerca rápido, instintivamente cierro los ojos, y siento que me besa.

En la boca.

Se aleja nuevamente, toma la cámara y enfoca.

Sonrío.

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