lunes, 24 de octubre de 2011

Cuídame

Espero que llegue la enfermera que cuida a mi vieja. Desde hace un tiempo que no la puedo dejar sola, porque se le olvidan las cosas y se desorienta un poco. Nada grave, pero me preocupa y la Vanessa se lleva bien con ella. De hecho a mi vieja le entretiene que venga, porque conversan sin parar, arreglando el mundo juntas.

No tengo apuro, me siento en el borde de la terraza mientras fumo el último cigarrillo y pongo una y otra vez la canción de Angus y Julia Stone. Es como una especie de rito que cada vez que llega, yo la mire desde la terraza, el cigarrillo, la canción, su vestido naranjo.

Abro la puerta, el saludo cordial, el aroma inconfundible de su perfume. Los ojos verdes intensos, las cejas finas y largas, el lunar sobe el labio.

Entra en el departamento, saluda a mi vieja con un abrazo, abre las cortinas para dejar entrar el último sol de la tarde, baja un poco la música, pone a calentar el hervidor para un té. Se saca los zapatos y se sienta sobre la cama hojeando una revista, conversando muy animadamente.

Termino el cigarrillo, tomo la chaqueta y las llaves, me despido de las dos y salgo. Mientras llamo el ascensor, infantilmente pego la oreja a la puerta y escucho.

-Es guapo tu hijo, verdad?- le dice a mi vieja.

Las dos se matan de la risa.

Me subo al ascensor, me miro en el espejo.

Estoy viejo.

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