sábado, 22 de octubre de 2011

Todo Vale

Subo al ascensor, marco el cinco, abro la puerta del departamento. No hay nadie, no hay nada.

Miro el piso vacío de parquet con marcas de muebles que alguna vez hubo. Miro la capa de tierra de un tiempo ya. Dejo la mochila y la maleta afuera, entro sin cerrar, busco algún papel o carta, pero no encuentro nada.

Miro por última vez el departamento, nunca más vuelvo.

Años después, me despierto recordando esa historia antigua, escucho la "Sugestión Diabólica" sonando en el piano del living. Me levanto, camino silenciosamente, la miro escondido.

El pelo rubio largo, la piel blanca, el ceño fruncido, la boca pequeña, la muñeca vendada.

El piano es rojo como el de Elton John. A ella siempre le cargó el color, aparte de ser japonés. Lo más imbécil es que lo compré para molestarla y conquistarla a la vez. Se lo regalé cuando le pedí que viviéramos juntos.

Vuelvo, abro el clóset, saco de su escondite una caja.
Paso por la cocina, le preparo un té y la interrumpo pasándole la taza. Me mira enojada, pero logro llamar su curiosidad con el regalo. Lo abre y desenvuelve los zapatos negros que esperan este momento hace tanto tiempo.

Me atrevo a tocar su pie y probar que no estoy equivocado. Le queda perfecto. Le quedan perfecto.

Ella es la elegida.

Me mira. Suelta una carcajada.
Sin decirme nada, deja los zapatos a un lado y sigue tocando.
Con la cabeza, hace un gesto de negación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario