miércoles, 30 de junio de 2021

El delicioso

Siempre quise más de ti.

En realidad lo quería todo y me lo diste.

O casi.
Siempre quedó ese pendiente y a medida que llevábamos más tiempo juntos, el tema empezó a aparecer. Primero medio en broma, luego no tanto.

Te pregunté por qué me lo negabas.
Al principio evadiste las preguntas y luego me confesaste la verdad.
O a medias. O eso creo.

Algo de unas experiencias anteriores con tus ex novios que no funcionaron.
Como que lo hiciste con todo tu cariño y dedicación, pero no fue apreciado.
Que después se volvió una lata y, no me lo dijiste, pero en la nostalgia de tus ojos noté un desagrado. Un cierto hastío de la situación que transformó mi curiosidad estúpida en preocupación.

Pensé en preguntarte más sobre el tema, pero me dio miedo que sintieras que me estaba obsesionado con la cuestión.
Que era un bruto más de la colección y que no representaba ninguna diferencia.
Tuve miedo que fuera algo mucho más grave de lo que me contaste, y eso explicaría muchas cosas, pero fui un cobarde y no me atreví por miedo a develar una historia muy fea.

Dejé pasar el tiempo, me hice el tonto.
Pero siempre que estábamos ahí, existía la incomodidad si dar el paso y romper ese mito.

Finalmente la vida nos separó.
Pero nos volvimos a juntar más pronto que tarde.

Y entonces, me lo diste.

El mejor pollo al cognac del universo.
La famosa receta de tu familia.

martes, 29 de junio de 2021

La Cage aux folles

Salimos un buen tiempo.

Yo siempre quise ir más lento, pero tú eras demasiado impaciente e impulsiva.

Entonces te aburriste que yo estuviera esperando a juntar más plata para irnos a vivir juntos de una buena vez, y te fuiste a vivir con Pablo y Renato que eran pareja en ese minuto.

No lo encontré tan mala idea en un principio, porque podía verte cuando quisiera, porque ya no tenías que vivir con tu mamá que te trataba como que tuvieras doce años, y porque ya no sentía esa presión de arrendar algo para vivir contigo.

Entonces cambiaste. Te volviste demasiado responsable y estructurada, cada vez salías menos, te gustaba quedarte cocinándole a tus amigos y haciendo vida casera. Te volviste una obsesiva del orden, de sacarse los zapatos, de no fumar, ni de comer carne, ni emborracharse sin motivo.

Y luego la agarraste conmigo. Que no era autónomo, que no sabía cocinar, que era machista, que me vestía pésimo, que no usaba perfume, que tenía mal gusto, que era un bruto.

Te amaba tanto, que cambié para hacerte feliz. Hice caso en todo lo que me decías, pero no fue suficiente. Entonces le pedí consejo a Pablo. Me enseñó demasiadas cosas. A vestirme mejor, a escuchar buena música, a tomar sólo una copa de un buen vino, a no comer como una bestia, a cortarme el pelo y arreglarme la barba, a no decir pachotadas.

Siempre me lo dijo con cariño. 

Hoy cumplimos dos años.

lunes, 28 de junio de 2021

Corazón

No era lo mío celebrarle el cumpleaños a la Paula.

Yo siempre pedía tu ayuda como su hermana mayor.
Siempre sabías que regalarle.
Lo de las flores, los globos con números y letras.
La torta.
Este año justo tocaba un domingo.
La idea era que cuando llegáramos de la playa, estuviera todo listo.

Como de sorpresa.
Aunque la Paula siempre sabía que eras tú.

Llegamos antes de que oscureciera.
Y ahí empezó el drama.
Cómo te pasé mis llaves, tuvimos que tocar el timbre.
Nunca abriste.
La Paula se metió por una ventana y nos abrió.
Yo entré con las maletas y las niñas.

No había globos ni torta.
Nada de nada.

Tu figurabas absolutamente borracha sobre el sillón del living.
Una montonera de vasos y botellas de todo tipo, vacías sobre la mesa de centro.
La Paula llevó a las niñas a sus piezas.

Me empezaste a decir que te habías aburrido de ser la hermana mayor, la buenita, la mejor alumna del colegio y de la universidad.
De haberte hecho cargo de la empresa de tu mamá cuando no pudo seguir trabajando.
De los huevones egoístas con que te relacionaste.

Mientras hablabas, te ibas bajando los pantalones, sacando la blusa y quedando solo en ropa interior.

Te sientas en el sillón, te cruzas de piernas y me miras como Sharon Stone.

Me dices que la torta está escondida adentro del horno y el regalo en mi clóset.

Tienes un tatuaje con forma de corazón en el poto.

sábado, 26 de junio de 2021

Te adoro

Ya veníamos peleando hace semanas.

Almorzamos a las patadas, ya no nos soportábamos, pedimos la cuenta en lo de las pizzas, salimos a la calle.
Sentía que quería un espacio para mí, que por alguna vez pudiera darme un gusto sin pensar en el resto. Se me ocurrió la idea que con el retiro del 10% de la AFP me podía comprar una moto.

Había tantas cosas que pagar, tantas cosas que arreglar en la casa, que ahora que lo pienso; era una imbecilidad.
Pero le di con eso, como cabro chico.
Te enojaste mucho, discutimos hasta el infinito, me dijiste que era un inmaduro, aparecieron recriminaciones de historias que ya creíamos olvidadas.

El asunto es que vamos caminando hacia el parque que tiene los juegos. Tú caminas unos treinta metros adelante y das vuelta a la esquina. Te pierdo de vista por un segundo y justo pasa mi moto. La que quiero comprar.

Me detengo mirándola embobado .
Me imagino arriba de ella, viajando sin rumbo.
La sigo con la mirada y en eso, de la nada; un jeep Toyota se pasa el pare de la esquina y choca la moto.

Mi moto.
O la que me gusta.

Siento un grito destemplado.
Es tu voz diciendo mi nombre.
Corres hacia la moto, miras al herido como si fuera yo.

Te grito, me ves, pero sigues acercándote al accidentado.
Le ofreces el café que llevas en la mano.
Le preguntas si la vende.

Así como está no más.

viernes, 25 de junio de 2021

Hora agendada

Estábamos en la universidad, lo pasábamos increíble, nos reíamos todo el tiempo.

Pero me empezó a dar miedo.
Quería probar otras cosas, era muy joven, tenía toda la vida por delante, si no era ahí, no sería nunca.
Entonces, pasó lo inevitable.

Habíamos quedado en ir a comprar unos cuadernos, o algo así. Algo para la universidad. No recuerdo bien.
Fuimos en el auto de mi viejo, te dejé en la esquina.
Te dije que me daba la vuelta y te pasaba a buscar por el frente.
Nunca volví.
No me dio pena, no me dio nada.
Me cambié de ciudad, de carrera y de universidad.
Mi viejo murió al poco tiempo y nunca volví a nuestra ciudad.
Nunca me volví a acordar de esa historia.

Pasaron los años, me fue bien.
Empecé a tener demasiado tiempo libre, me bajó la nostalgia, quise recuperar el Toyota beige de mi viejo que nos prestaba para ir a la U.

Lo encontré, estaba intacto.
Lo había comprado un amigo de mi viejo y lo tuvo guardado.

Me subo, sigue ese mismo olor “a maestro” como decía mi vieja.
Bajo la ventana, parto.
Llego a la calle de la librería y como un deja vú; recuerdo toda la historia.

Reduzco la velocidad, alguien me mueve la mano, me detengo.
Eres tú.
Subes dos niños hermosos al asiento trasero.
Me das un beso en la mejilla.
Me preguntas por qué me demoré tanto.
Me entregas una agenda.

“Es la última que quedaba”.

jueves, 24 de junio de 2021

Sin disfraz

Vivo en Buenos Aires.

Estoy sobrio hace un rato, tengo un trabajo a medio tiempo, estoy empezando de nuevo.
Tomo un taxi, voy al hotel Savoy, entro al lobby, pregunto por mi amigo Juan Hundred.

Espero un rato ojeando el Instagram, aparece Juan, pedimos café y medialunas, y le cuento a lo que vine.

Quiero escribir como vos, no quiero seguir más en lo mío.


Escribir que no quería tragar esos garbanzos ni esa carne quemada.
Escribir que quería agarrarla del pelo y sacarle la ropa en la mitad de la cocina.
Escribir que quería manosearle el culo tan fuerte que le iba a sacar un pedazo.

Entonces me interrumpe y empieza a preguntar qué cosas se me vienen a la cabeza.
Sin pensarlo.
Como imágenes. Que cierre los ojos. Como el yoga. O la meditación. O alguna de esas boludeces.

Inevitablemente pienso en ti.
En que no puedo olvidarte.
En que me hubiera encantado no haber sido tan pelotudo y haberte dicho lo que me pasó ese martes.
Haberte dicho que cuando estabas ahí, y te miré fijo a los ojos, no me salieron las palabras para decirte lo mucho que me importabas.
Que cuando te toqué las cejas y te dibujé con los dedos, me empecé a enamorar como un pibe de 15.

Entonces, escucho una carcajada, abro los ojos y toda la gente del lobby nos mira.
Juan se pone de pie, aun riendo, se abrocha la chaqueta, me habla;

“Flaco, pagá vos la cuenta”.

miércoles, 23 de junio de 2021

Huevos de Pascua

Bañamos y acostamos a los niños.

Salimos un rato a la casa de amigos.
Nos emborrachamos.
Reímos.

Siempre volvemos caminando, conejeando por calles interiores, bromeando que te regalo un departamento gigante.
Hablamos en ruso con las nueve palabras que nos aprendimos por google.

Subimos en el ascensor y aprovecho de hacerte cariño.
Entramos al departamento, nos sacamos lo zapatos y me recuerdas que hay que esconder los huevitos.
Sacas una bolsa pequeña, y empezamos a meterlos en cada rincón posible.

Estamos en eso y te pregunto si cuando eras chica lo hacían en tu familia.
Me cuentas que sí, que todos los años.
Hasta que no lo hicieron más.
Miro tus ojos y están brillantes. Miras por la ventana. Te pierdo.

Hago mis chistes inclusivos del conejite de pascue y los huevites, pero no te hace gracia.
Trato de cambiar el tema pero nada funciona.
Cada vez que pasa eso, te pregunto directamente y hablamos largas horas y me cuentas tus historias. Las buenas y las no tanto.

En mi desesperación por recuperarte, recuerdo algo.
Destrozo un huevito lo muelo y lo meto junto los pedazos de su envoltorio y plásticos varios en una de las bolsas celestes que ocupamos para la caca del perro.
Le escribo con un plumón rojo; “No sea intrusa, señora”.
Lo meto bajo tu almohada y bajo a pasear al perro.

A mi vuelta sostienes la bolsa con dos dedos muerta de la risa.

Me agradeces preocuparme por ti.

Estás sin ropa.