Se supone
que no debió ser así. Teníamos una hora para tomar un café juntos, pera
conversar, para tomarnos las manos bajo
la mesa, o algo parecido. Pero desde que nos sentamos, tuve el presentimiento
de que algo malo iba a pasar. La mesa que quisimos ocupar estaba ocupada por un
letrero de ocupado. Tuvimos que pedir que alguien nos atendiera cuando ya había
pasado mucho rato.
Se supone
que no debió ser así. Que era mejor pedir un par de cafés con medialunas, pero
tu colon y mi mis ganas de empatizar, terminaron con dos jugos y un par de
muffins. Siempre caminamos por esta calle, siempre miro este café. Te insisto, sin
mucha simpatía, de que es extraño que nunca lo hubieras visto. Me respondes,
con odiosidad, de que no eres tan perfecta como yo.
Se supone
que no debió ser así. Que ya habíamos acordado de que era una falta de respeto,
y de cariño por cierto, esa cosa de hablar o teclear por el bendito teléfono cuando
estábamos conversando algo importante. Pero no, insististe que tenías que
contestar, que podía ser alguien de la pega.
Se supone
que no debió ser así. Que ya habías terminado esa vieja relación enferma, que
ya no te iba a llamar más. Menos que te ibas a hacer la desentendida y que me
ibas a mentir cuando te pregunté quien llamó.
Se supone
que no debió ser así. Que ya no iban a haber más noches tristes.