lunes, 6 de agosto de 2012

Salir de viaje


Llegamos al aeropuerto con el tiempo justo. Te dejo en la puerta tres, bajo tu maleta y la mochila, tomo el auto y parto a estacionarlo. Busco un lugar alejado por mi manía de evitar los portazos, lo cierro y corro para alcanzarte.

Es de noche, hace frío, estoy preocupado porque hace un día ya que tienes una puntada en el estómago y no se te quita. Subo por el ascensor y te veo haciendo una fila interminable, sentada sobre la maleta, doblada del dolor, balanceándote para ver si eso te ayuda.

Me ves, te reincorporas,  sonríes para que no me preocupe. Entonces se nos acerca una asistente de LAN y nos dice que todos los vuelos a Colombia se cancelaron. Nos damos cuenta de que vamos a perder la conexión a Cartagena, el hotel, el arriendo del auto, la travesía en burro, las noches en la hamaca de Tayrona.

Miro alrededor y la gente reclama airadamente, muchos ya perdieron la paciencia, una vieja grita como loca porque su nieto tiene frío. Me doy cuenta de que tienes los ojos brillantes de dolor, pero no quieres que se te note. Me preocupa de que sea algo grave y me desespero por no saber que mierda hacer.

Me doy cuenta de que no vamos a viajar. Pedimos un cambio de pasajes y nos agradecen nuestra buena disposición. Volvemos a la casa, pasamos por la farmacia, compramos Viadil.

Terminamos en la clínica.

Nos dicen que estás embarazada.

Te amo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario