miércoles, 15 de agosto de 2012

Temores


Pongo Anesthesize por enésima vez. Prendo la llave del gas de la cocina, cierro las ventanas, cierro las cortinas, saco una hoja de papel en blanco y escribo esta despedida. Me gustaría irme con alguna genialidad, algo fuera del lugar común. Algo que todos recordaran. De una manera divertida al menos.

Entonces como epitafio, comienzo a escribir lo que pienso de lo que iba a ser la vida conmigo y ahora sin mí. Hago un listado de cosas buenas y malas, pero así y todo no quedo conforme. La releo varias veces y lo encuentro una basura mal escrita.

Arrugo la hoja, saco una nueva, pongo la canción de nuevo, ventilo la casa, vuelvo a cerrar las ventanas y las cortinas, me vuelvo a sentar, vuelvo a escribir, vuelvo a prender el gas. Empiezo un párrafo que pido que me cremen, que lleven mis cenizas a la pasarela de Lenga, mejor  al bosque de Vichuquén, mejor a Kennedy con Manquehue dónde tuve el accidente, mejor al hospital de la Fach donde nací.

Distribuyo equitativamente mis pocas cosas, el departamento, la casa en la playa. La motoneta, el porsche viejo. La cámara de fotos para Felisa, mis libros para Juan, mis discos para ti. La bicicleta para Enrique, mis platos y vasos para mi vieja, los cuadros para mi hermana, para su casa nueva.

Y para terminar, te escribo que esa vez que te mostré la Playboy de la Cindy Crawford y te dije que eras igual; hablaba en serio.

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