jueves, 9 de agosto de 2012

No más noches


Se supone que no debió ser así. Teníamos una hora para tomar un café juntos, pera conversar, para  tomarnos las manos bajo la mesa, o algo parecido. Pero desde que nos sentamos, tuve el presentimiento de que algo malo iba a pasar. La mesa que quisimos ocupar estaba ocupada por un letrero de ocupado. Tuvimos que pedir que alguien nos atendiera cuando ya había pasado mucho rato.

Se supone que no debió ser así. Que era mejor pedir un par de cafés con medialunas, pero tu colon y mi mis ganas de empatizar, terminaron con dos jugos y un par de muffins. Siempre caminamos por esta calle, siempre miro este café. Te insisto, sin mucha simpatía, de que es extraño que nunca lo hubieras visto. Me respondes, con odiosidad, de que no eres tan perfecta como yo.

Se supone que no debió ser así. Que ya habíamos acordado de que era una falta de respeto, y de cariño por cierto, esa cosa de hablar o teclear por el bendito teléfono cuando estábamos conversando algo importante. Pero no, insististe que tenías que contestar, que podía ser alguien de la pega.

Se supone que no debió ser así. Que ya habías terminado esa vieja relación enferma, que ya no te iba a llamar más. Menos que te ibas a hacer la desentendida y que me ibas a mentir cuando te pregunté quien llamó.

Se supone que no debió ser así. Que ya no iban a haber más noches tristes.

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