Quería mirar tu sonrisa siempre.
Quería que la naranja que tiraste al rio, esa noche en el puente Lo Curro, hubiera llegado al agua.
Quería que ese día, te sacaras los zapatos, te echaras conmigo en la cama y viéramos la película abrazados.
Quería que los número siete que te traje del viaje famoso, no te hubieran quedado chicos.
Quería que fueras puntual, como tanto te vanagloriaste de serlo.
Quería que te sintieras orgullosa de lo que eres y no que siempre quisieras ser otra.
Quería que en vez de escribirme tanto de lo que podríamos soñar juntos; lo hubieras hecho. Sin dramatizar todo.
Quería que más que con el puto Sabina, se te pararan los pelos escuchando canciones de J. Tillman mientras hacíamos el café en la mañana.
Quería que no te hubieras preocupado tanto el futuro, que no hubiera existido esa maldita conversación en el sushi, que no hubieras buscado una excusa en mí para terminar.
Quería que hubieras sido más espontánea en la cama y no una pendeja con frases aprendidas de película porno gringa.
Quería que no viajaras tanto tiempo dejándome solo. Que me no me fueras infiel en esos viajes, que no te pasearas con ese viejo de imbécil como que fuera tu novio y luego, me pidieras que no lo buscara para sacarle la mierda.
Quería tener una mina como la gente y no seguir enamorado de una pelotuda como tú.
Sales del baño, más hermosa que nunca.
Arrugo el papel.
Te admiro.
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