Me duele la
cabeza. Sigo mirando por la ventana de mi oficina. La bandeja de entrada se
llena de correos sin abrir, el teléfono suena.
Mi
secretaria me toca la espalda y me entrega un paquete de chilexpress. El
remitente dice que lo envía alguien que no conozco, pero sé perfectamente que
eres tú. Lo abro con curiosidad. Es un disco con una canción de Rachael
Yamagata; “The Reason Why”.
La había
escuchado un par de veces, pero nunca había puesto atención a la letra. Entiendo
perfecto el mensaje. De hecho me lo dijiste una vez. Esa vez que fuimos a ver
la película de Polanski, la que no te gustó. Me acuerdo cuando salimos y me
dijiste que te atormentaba la distancia.
En ese
minuto entendí que se trataba de que te fueras a Londres por un par de años a
tu beca. Pero después, con el tiempo, entendí que era que nunca te hice sentir
segura ni menos acogida. Me dijiste que querías enamorarte, tener una historia
con un final feliz o mejor aún; una historia feliz que no terminara nunca.
La canción
se repite y me arrepiento que nunca te dije que me gustaste desde la primera
vez que te vi, nunca te dije que esa vez que nos separamos en el ascensor me
sentí el imbécil más grande del universo, nunca te dije que no creía en el amor
a primera vista hasta que te conocí.
Miro el
reloj, es hora del partido del Barcelona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario