jueves, 26 de abril de 2012

Historias


Me duele la cabeza. Sigo mirando por la ventana de mi oficina. La bandeja de entrada se llena de correos sin abrir, el teléfono suena.

Mi secretaria me toca la espalda y me entrega un paquete de chilexpress. El remitente dice que lo envía alguien que no conozco, pero sé perfectamente que eres tú. Lo abro con curiosidad. Es un disco con una canción de Rachael Yamagata; “The Reason Why”.

La había escuchado un par de veces, pero nunca había puesto atención a la letra. Entiendo perfecto el mensaje. De hecho me lo dijiste una vez. Esa vez que fuimos a ver la película de Polanski, la que no te gustó. Me acuerdo cuando salimos y me dijiste que te atormentaba la distancia.

En ese minuto entendí que se trataba de que te fueras a Londres por un par de años a tu beca. Pero después, con el tiempo, entendí que era que nunca te hice sentir segura ni menos acogida. Me dijiste que querías enamorarte, tener una historia con un final feliz o mejor aún; una historia feliz que no terminara nunca.

La canción se repite y me arrepiento que nunca te dije que me gustaste desde la primera vez que te vi, nunca te dije que esa vez que nos separamos en el ascensor me sentí el imbécil más grande del universo, nunca te dije que no creía en el amor a primera vista hasta que te conocí.

Miro el reloj, es hora del partido del Barcelona.

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