viernes, 20 de abril de 2012

Encargo


Me dijo que le escribiera una carta.
Antes de las doce.
Que le escribiera toda la puta verdad.
Que iba a estar en un bar de mala muerte en un pueblo perdido.
Lejos de Buenos Aires.

Ahí iba a estar, vestida con su blusa de señorita, sus zapatos fifíes con taco que no sirven para nada, menos para ese bar, menos para esa manga de pelotudos que la acompañan.

Simple, una carta de amor, en no más de una carilla.
Antes de las doce y punto.
Una carta que diga por qué ella debería darme una oportunidad, si en el fondo, todo este tiempo la he llenado de mentiras y cuentos que todos sabemos que no pueden ser verdad.
Una carta que en pocas ideas, sino una sola, resuma cual es mi idea de toda esta idea.

Y yo, que me vanaglorié tanto tiempo de poder escribir hasta por encargo; ahora no puedo.
Figuro frente al maldito computador rascándome la cabeza con las dos manos, llenando de caspa el teclado, con una cerveza a medio tomar, un lucky sin filtro sin prender y Miles con So What a lo que dan los parlantes.

Me gustaría parecerme a Hank Moody.

Miro mi reflejo en la ventana y me encuentro bastante patético. Cierro el Word y me voy a Facebook a mirar sus fotos.

Le podría escribir sobre sus cejas o su sonrisa, pero creo que por ahí no va la cosa.

Debería escribirle que pienso en ella todo el día.

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