domingo, 22 de abril de 2012

Amigos


Había pensado en escribirte la historia de tu amigo de las empanadas. El de la ponchera y de los ojos saltones. Ese que canta a voz en cuello, que toca la guitarra y la armónica para luego seguir cantando algo sobre que entregaría los ojos por amor. Ese mismo que luego se pone la máscara de lucha libre y cuenta esos chistes gruesos que a todos nos matan de la risa.

Había pensado en escribirte la parte en que se pasa de copas y su mujer; que es impresionantemente guapa, lo putea desde la cocina diciéndole que se calle, que la corte con sus tonteras. Y él sigue con la voz cada vez más fuerte, los chistes cada vez más divertidos, los ojos cada vez más desorbitados.

Había pensado en escribirte sobre la vez que se encerraron en la cocina a gritarse porque ella le hizo una escena de celos y él, en realidad, no había hecho nada malo, aparte de haber tomado mucha cerveza y haber hecho sus mismos chistes de siempre, dirigidos a la rubia desabrida que alguien invitó.

Había pensado en escribirte todas esas historias para ponerte un ejemplo de que las relaciones no siempre son como esperamos, pero que nadie puede dudar que esos dos se aman a morir y que en el fondo es lo que yo quería contigo cuando me dijiste que fuéramos amigos.

Había pensado en escribirte que los envidio.


Y ahora me mandas una carta y me dices que nos casemos.

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