Es un fin de semana maravilloso contigo. Costó mucho esfuerzo y harta paciencia. Pero al fin estamos juntos y fue tal como imaginé.
El día es soleado, corre viento que mueve los árboles gigantes, un riachuelo sombreado y la risa de los amigos hace que la escena sea perfecta. De fondo suena Juan Gabriel para darle un aire más kitsch al asunto todavía.
Alguien prende un porro y me fumo un par de piteadas. Tomo una copa más de vino y entonces me das la mano para que vayamos a caminar un rato. Damos una vuelta completa alrededor de la casa, hasta que llegamos a la entrada donde hay un espejo de agua.
Siento la cabeza en las nubes y te miro a contraluz. Te quedas fija unos segundos mirándome, como para que te tome una foto. Reviso los bolsillos y no tengo el celular, pero no importa porque comprendo que nunca voy a olvidar ese momento.
Te comento que es el final del recorrido, porque no hay pasada a través del agua, pero me preguntas -¿Y si atravieso saltando?- No atino a decir nada, cuando te sacas los zapatos, tomas vuelo y saltas. Caes graciosamente al otro lado.
Tengo la copa de vino en una mano y tus zapatos en la otra, tomo aire y te digo -Casémonos-.
Te ríes y gentilmente me dices:
-Ya po' no te pongai' tonto, cuando quieras me llamas de nuevo, total son solo trescientas lucas-
-Me podí' pagar en tres cheques-
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