lunes, 12 de diciembre de 2011

Cuba Libre

Viajamos por la carretera que va desde Santiago de Cuba a Baracoa. El trayecto no es muy largo, pero si toma tiempo porque hay que atravesar la cuesta interminable que pasa por Alto de Cotilla. Por una casualidad tenemos puesto un casette de Prodigy, el típico de la portada con una especie de jaiba.

Luego de un buen rato llegamos al lugar. Nada nos llama mucho la atención. Recorremos un poco a pie y pronto nos subimos al auto para volver a Santiago de Cuba.

Para hacerlo más entretenido, escogemos un camino alternativo que no aparece en el mapa. Ocupo el sol como orientación y avanzamos mucho rato en lo desconocido. En un momento, no vemos casas o personas a las que preguntarle por nuestro destino. El sol comienza a ponerse.

Detenemos el auto en la mitad del camino abandonado, apagamos la radio que a esta altura resulta desagradable. Te bajas y olvido mi idea de decirte que te pongas los zapatos. Me doy vuelta para mirarte y observo que caminas adentrándote en el pastizal con la mirada perdida.

Sin dejar de caminar, levantas los brazos y juntas las manos por detrás de la cabeza como si te estuvieras estirando. Vas vestida entera de blanco que contrasta con tu pelo negro liso. No me atrevo a llamarte, solo contemplo como desapareces en el horizonte.

Me siento sobre el capó y prendo el último cigarrillo que tenemos.
Lo fumo hasta la mitad.
Me lo apago en un brazo.
Quema.

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