Despierta luego de horas de ronquidos, me mira y pregunta -¿Me amas?-
-Por supuesto que te amo- respondo mientras la abrazo hasta asfixiarla.
Se levanta y para variar cierra la puerta del baño con un portazo "sin querer", moja el piso del baño por no cerrar bien la cortina, deja el lavamanos lleno de pelos y de pasta de dientes. Miro su ropa tirada por toda la pieza, tiras de remedios desordenadamente a medio gastar, el celular arreglado con scotch.
Miro los sillones gastados en los bordes y brazos por los rasguños de su gato, miro mi escritorio lleno de sus papeles, notas, fotos, lápices y recortes en el desorden más brutal. Miro los discos rayados, apilados afuera de sus cajas, miro la alfombra con manchas de Coca-Cola light, las almohadas manchadas con tintura de pelo al igual que las toallas.
Miro los lomos de mis libros rotos por esa manía de abrirlos hasta atrás, miro mis marcos de fotos arrumados en la repisa que está llena de sus fotos pegadas con tape, miro mi equipo de música lleno de sus huellas digitales, miro mi cámara afuera de sus estuche y sin la tapa del lente.
Sale del baño, con mi camisa favorita puesta como bata, tira la toalla en el piso y se para sobre ella. Apaga la música que estoy escuchando y se me acerca, mojando todo el diario a su paso.
Me mira coqueta mientras se pone unos calzones floreados.
-Son del Líder- me dice.
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