Hace frío,
deberíamos prender la calefacción. Estoy tapado entero, metido en la cama con
pijama desde temprano. Escucho cuando llegas, dejas tu cartera en el suelo, te
sacas los zapatos en el living, vas hacia la cocina. Bajo el volumen del
televisor y te escucho llenar un vaso con agua de la llave y tomarla con sorbos
grandes.
Me hablas
desde allá, me cuentas de tus clases, de las cosas que estás estudiando. Apagas
las luces, entras a la pieza tecleando algo en la blackberry, me miras de
reojo. Sueltas el teléfono, me abrazas y me das un beso cariñoso.
Vas al baño,
tomas tus remedios para la migraña, vuelves a la pieza con el pijama en la mano
y terminas de esparcirte una crema en la cara. Te desvistes al lado de la cama,
apago el televisor y te miro.
Te quedas
inmóvil por un rato y me preguntas sobre qué estoy mirando. Te digo que a ti,
que eres demasiado guapa, que me encantas. Te ríes, me dices que eso no es
verdad, que soy un mentiroso.
Me tapo la
cara con la almohada y sin ver nada, te describo. Con precisión en todos los
detalles que recuerdo. Desde tus cejas y tus pómulos, hasta ese lunar que tienes
en el pie, cerca del empeine.
Me saco la
almohada, te miro muerta de la risa y roja de vergüenza.
Te pones el
pijama.
Me quitas
el control remoto.
Me pides
que te traiga otro vaso con agua.