Estaba en
eso de la sertralina para la depresión, el clonazepam para la ansiedad. Estaba
en eso de la terapia con la sicóloga tres veces a la semana, la ida al siquiatra
los viernes, eso de quedarme pegado mirando el techo de la pieza. Eso de dormir
todo el día.
Estaba en lo
de juntarme con el Nene los jueves, en que me decía que no me quedara pegado ni
en lo del trago, ni en lo del trabajo, ni en lo de las minas. Que no duraba más
de seis meses.
Estaba en lo
de la terapia de shock de mi vecino del cuarto, que me decía que mientras más
reviviera el dolor, más me iba a acostumbrar y más rápido se me iba a pasar. Me
decía que era como acordarse de algún ridículo público que hicimos. La primera
vez era insoportable, luego daba para la risa.
Estaba en
todo eso que no me servía, cuando fui a la adivina; esa de las cartas del tarot
y olor a incienso del centro. Estaba en lo de emputecerme cuando me dijo que
iba a encontrar el amor eterno en una mujer con capucha roja y una escoba.
Y luego pasó
el tiempo y olvidé todo eso.
Y ahora
estoy contigo en lo de tu amiga Paz en Viña, y te miro con una copa de vino en
la mano, una escoba en la otra y ese chaleco con capuchón rojo que te compraste
con la Vale.
Eres tú.
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