domingo, 10 de junio de 2012

Competencias


Maldito Juan. Aunque es domingo y anoche solo tomé una copa de champaña y no me acosté tarde; él siempre gana. Aunque es muy temprano y me levanté cuando estaba oscuro todavía, ahí ya está él. Ahí está su puto escrito perfecto, en su página desde quizás qué hora de madrugada.

Afuera el cielo negro de nublado. Sigo con la página en blanco, con el computador en la cama, aunque juré una vez que nunca iba a escribir en otro lugar que no fuera el escritorio. No tengo muchas opciones, porque se acabó la parafina para la Toyotomi, hace un frío de mierda, no tengo café, ni tampoco ganas de levantarme.

Tengo en la cabeza la historia de esa noche que hablamos que me decías que estabas triste y que te sentías sola. Esa de que me fui a negro nuevamente y pensé que todo se podía ir a la mierda. Me gustaría escribir sobre eso, para contarla de otra forma, en que yo apareciera como que no soy un pendejo cagado de susto por las noches.

Pero no, creo que quizás me sería mejor escribir algo más de domingo, más positivo, sobre viajes a playas perdidas o en el sur, o en el Caribe perdido quizás. Entonces me sale esa nube que dice que me quedan siete minutos de batería y que enchufe la huevada antes de que se vaya a negro también.

No encuentro el cargador.

No dejo de pensar en cuando hicimos el amor con ropa.

martes, 5 de junio de 2012

Bruja


Pongo algo de música y me siento en el comedor. Saco una hoja desde un cuaderno viejo y comienzo a escribirte una carta de despedida. No se me ocurre como empezar, así que hago un listado de nuestras diferencias. Que yo soy viejo, que tú eres más joven, que tú eres guapa y que yo soy lo que soy.

Que yo nunca tuve ni un cuaderno y tú no paras de estudiar, que tú haces clases y que a mí me echaron de todos los colegios y universidades. Que yo no pronuncio las eses y que tú modulas perfecto, que yo soy un desatinado y tú siempre eres tan sabia en tus comentarios. Que yo soy un desastre y que tú mereces algo mejor.

Leo la lista y la encuentro absurda, decido que es mejor decírtelo en persona, tomo el auto y manejo hasta tu departamento. Nos saludamos displicentemente, nos echamos en el sillón del living.

Me das la espalda para que te haga cariño, pero me siento muy lejos de ese lugar. Saco mi ipod del bolsillo y busco alguna canción del pasado olvidado que me dé valor para hablarte.

Entonces encuentro "La Gaviota" de Silvio y la empiezo a cantar como una especie de himno de independencia.

Entonces sucede.

Sin dejarme de dar la espalda, comienzas a cantarla perfectamente, palabra por palabra, con una voz perfecta, como si en eso se te fuera a ir la vida.

En todo este tiempo, es la primera vez que cantas.


viernes, 1 de junio de 2012

Todo por vos


Me dijiste que harías cualquier cosa por mí. Lo que sea. Es verdad, fue en una pelea en la mitad de la noche, en que te desesperaste porque por primera vez hablamos de separarnos. Me miraste y me dijiste que ni cagando, que no ibas a dejar las cosas así. Me abrazaste y me dijiste que agarrabas tus pilchas, y que renunciabas a tu pega, y que te venías conmigo al norte.

Y fue en ese minuto, en que me di cuenta de que era un imbécil y que no podía pensar mi vida sin ti, en que eras todo lo que yo quería, todo lo que me importaba en el mundo.

Y bueno, nunca más se habló del tema, pero de vez en cuando jugaba con eso y te pedía cosas. Tonteras. Pequeñas pruebas estúpidas de que era verdad. Como que dijeras garabatos, o meterte la lengua por la nariz, o hacerte cosquillas. Ponerte la polera de la U y subir la foto a facebook, para que tu familia que es del Colo se enojara.

Entonces, te pedí que me acompañaras a los setenta años de mi viejo, que no veía hace años. Te pedí que dejaras de fumar, que nos casáramos, que adoptaras a mis hijos, que nos fuéramos a vivir al campo, que dejaras tus clases, tu trabajo, tu familia. Y todo lo hiciste.

Y ahora, que han pasado años, te pido que me dejes de querer.

Y ahora me sales con que no.

martes, 29 de mayo de 2012

Priodas


Pienso que es un poco tarde ya y deberías haber llegado.

Pienso que ha pasado mucho tiempo desde que nos conocimos, tenemos tantas historias juntos, tantas cosas que nos han pasado.

Pienso cuando nos conocimos y, para mi furia, insistías en hacerme gancho con tu amiga, o cuando te toqué la rodilla de puro patudo, o cuando te quise tomar la mano en ese almuerzo y me la quitaste, o cuando quería darte un beso, pero en cambio, nos quedábamos conversando en lados opuestos de la mesa hasta las seis de la mañana.

Pienso cuando te di un té que vomitaste, o cuando te llamé en la mitad de la noche con el nombre de mi ex, o cuando me dijiste que odiabas mi pésima manera de hablar, o cuando te dije que te subieras al auto de una vez, o cuando te dije que tenías que ir al cumpleaños de punta en blanco.

Pienso en nuestros viajes, como el que fuimos a esa playa con un muelle infinito, o a ese lugar dónde te dio el ataque de risa porque la gente se sacaba fotos asomando la cabeza en un cartel de tiroleses, o el de la cancha de fútbol en la orilla del mar y en la mitad de la nada, o al otro dónde te doblaste el tobillo y luego te mojaste entera y te devolviste con mi chaqueta puesta y nada más.

Pienso en eso, cuando finalmente llegas.

Pienso que te ves perfecta de blanco.

lunes, 28 de mayo de 2012

Mar


Estamos en un bosque, hay una neblina densa que hace todo un poco más memorable, paramos el auto en la mitad de la nada, tratamos de sacarnos fotos poniendo la cámara en el techo del auto.

Es extraño, te abrazo y quisiera decirte tantas cosas, pero es mejor no decir nada. Nos subimos al auto, prendemos la radio y escuchamos "We Found Love". Subes el volumen y me dices que baile. Hago unos movimientos torpes para hacerte reír.

El camino se vuelve cada vez más difícil y cerrado. Abrimos las ventanas para sentir el olor del bosque de eucaliptos gigantes que estamos tratando de cruzar. Llegamos a una bifurcación, tomamos la salida a la derecha que nos lleva a un portón cerrado. Nos devolvemos y tomamos hacia la izquierda que lleva a un camino peor aún, pero de una belleza impresionante.

No hablamos, apagamos la radio. El bosque se abre y llegamos a un acantilado donde golpea el mar levantando unas olas gigantes. Abajo vemos un caserío abandonado y los restos de lo que debe haber sido una ballenera.

Caminamos por un sendero que baja con mucha pendiente, nos acercamos a la orilla del mar embravecido. Saco la cuenta que para llegar a este lugar, nos hemos visto veinticinco días de nuestras vidas y tomado siete aviones.

Te miro adentrar en el mar caminando por un molo estrechísimo mientras las olas tratan de hacerte caer.

No se si sea digno de ti.

Siempre le he tenido miedo al mar.

jueves, 24 de mayo de 2012

Profecías


Son las once y treinta. Recién terminamos de comer y mi amigo Juan me dice que lo acompañe a saludar a alguien que está de cumpleaños. Tengo un poco de sueño, no tengo muchas ganas, pero siempre termina convenciéndome de que me va a presentar a alguien. Siempre el mismo cuento de que voy a encontrar a mi futura esposa, pero termino solo y aburrido.

Subimos por Apoquindo, doblamos un poco más arriba del Omnium y estacionamos el auto. El conserje nos dice por el citófono que no quedan estacionamientos de visita disponibles, así que dejamos el auto en la calle. Antes de subir, vamos a una botillería que queda en la esquina, hacemos la fila, compramos un vodka y algunas bebidas. Un par de Red Bull y cigarrillos.

Volvemos a cruzar la calle, entramos al edificio, hablamos con el conserje y subimos. Nos abre la dueña de casa, una mina de un poco más de treinta, muy simpática. Está sola con el que imagino que es su novio. Abrimos una botella de vino tinto, mientras Juan toma vodka.

Comienzan a llegar el resto de los invitados, curiosamente hay pocos chilenos. Llegan unos mexicanos, argentinos y no sé qué más. Ahora tengo más sueño. Miro los adornos mexicanos del mueble de la entrada, los afiches de películas que están en el pasillo, escucho Paul van Dyk con "Let Go", tomo más vino.

Entonces, suena el timbre, y entras tú.

Te miro.

Y todo se va a la mierda.

Maravillosamente.

lunes, 21 de mayo de 2012

Fantasmas


La misma escena. Está bien, es otro lugar, en otra época. Estoy más viejo, más racional, pero la escena en sí es la misma. Es tarde, de madrugada, los dos hemos tomado un poco, los dos estamos cansados, quizás quisiéramos hablarlo en otro día, a otra hora; pero no.

Ella abre la ventana de la terraza. Por un segundo pienso que quiere saltar. Que no puede aceptar que lo nuestro se está acabando porque no puedo soportar que me mienta. No es una mentira sobre si pagó o no la cuenta de la autopista. Me miente sobre su antiguo novio, que ahora descubrí que se siguen viendo, que ella dice que son sólo amigos, que no me lo dijo para que no sufriera más, para que no me pasara rollos.

Sólo atina a decirme que yo también le he mentido, que fue una tontera, que la culpa la tengo yo con mis celos. No hablo nada, porque no tengo mucho que decir. Para variar termino sintiéndome culpable, para variar  se me viene el peso de la noche. Como a Portales.

Quisiera salir corriendo, olvidarme de todo lo que planeamos, olvidarme de ella, del mundo. Pero esta vez hay algo diferente. Ella respira profundo para no llorar, me abraza de todas las maneras posibles, se para y camina para todos lados como un animal encerrado.

Me dice que mejor no sigue hablando, porque siente que la está cagando cada vez más.

La miro.

Pienso que debería decirle que nos casemos.