domingo, 18 de marzo de 2012

Azul

El partido es a las cuatro, las entradas nos costaron una fortuna. Desde la mañana que tengo puesta la camiseta azul con la U roja. Hoy es el partido de vuelta, hoy ganamos la Libertadores.

Entonces, sucede lo inexplicable.

El teléfono vibra. Es un mensaje que esperé mucho tiempo, pero nunca llegó. Es ella, la única mujer que amé después del divorcio.

"En mi casa, a las cuatro. Te espero".

Yo le había escrito que la iba a esperar o algo así, que solucionara sus temas, que sacaba un número de la fila, algo por el estilo. Por eso ahora ella me mandaba el mensaje. Porque se cumplía el plazo que yo inventé y estaba lista.

Me saco la polera, la meto en una mochila junto a la entrada para Pacífico, parto. Pienso en que debería llamarla y decirle que voy mañana, explicarle lo de la U y del estadio. Pero mejor se lo digo en persona. Pienso que de repente mejor olvidarse del partido.

Manejando camino a su casa, pienso que mejor hablar de Londres que de Carballo, del Lulo Socías y del turco Salah del ochenta. Mejor hablar de Lubetkin que del Pato Mardones y el penal a Cobresal para salir campeones. Mejor hablar de nosotros que de la Libertadores.

Estaciono el auto, toco el timbre.
Me abre y me da un beso perfecto.

Tiene puesta la camiseta amarilla de la U, la de entrenamiento.

De fondo escucho el televisor que dice que juega Ruidíaz de titular.

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