Dormí poco,
comí mucho, tomé demasiado. No me acuerdo muy bien, pero no tenía ganas de
levantarme. A duras penas puse "All Your Women Things"
de Smog. Tomé un vaso de
leche cultivada, o algo así, me metí a la ducha, abrí la ventana un poco,
limpié el espejo empañado con la toalla de mano.
No recuerdo
que ropa me puse, o si me afeité o no. Ni de la hora, ni si había sol o estaba
nublado. Sólo me acuerdo de que llené un vaso de agua, salí a la terraza, regué la planta que me
regaló el Benja y me quedé mirando el árbol del frente por mucho rato. Es un
encino. Eso creo al menos.
Entonces, me llama mi vieja, me dice que me están
esperando para empezar a almorzar, que me apure, que no lleve nada, que hay de
todo, que todos ya llegaron. Pienso que siempre me han dicho que no cumplo lo
que prometo, que soy abandonador, que soy torturador. Pero sigo pensando en lo
contrario, que no cumplo todo porque prometo demasiado, que sienten que los abandono,
porque cuando amo, lo hago con una intensidad que es imposible de mantener, que
torturo para defenderme de la incomprensión.
Bajo, salgo
a la calle, y antes de subirme al auto, miro la ventana de tu departamento.
Sé que estás
con él.
Los ojos se
me llenan de lágrimas, me arrepiento demasiado de haberte dejado ir.
Subo al auto,
no parte.
No tiene
batería.