No me acuerdo bien cuando empezó el desastre, pero si me acuerdo de que un día nos encontramos en la calle, un día de invierno o de otoño, un día con algo de frio y con algo de sol, y bueno; me acuerdo de ese día de mierda en que tuve que llamarla por su apodo, porque su nombre ya no lo recordaba. Claro que lo recordé después, pero en ese minuto, en que nos abrazamos, en que quise darle un beso pero me corrió los labios; no pude recordarlo.
No sé si se dio cuenta, porque siempre la llamaba por el apodo y no por el nombre, pero mi cara de confundido me debe haber delatado.
Traté de no soltarla mientras trataba de recordar el nombre, recordé la letra de una canción y algo sobre "Pedacito de amor delirante". Recordé el chaleco con pabilo, la polera blanca con tirantes y la falda a lunares del día que nos conocimos, recordé el nombre de la calle que separaba su casa de la oficina.
Recordé la primera vez que la vi llorar, la vez que se blanqueó los dientes, la vez que la llamé para el terremoto de madrugada.
No me acuerdo bien cuando empezó el desastre, pero ahora, después de tantos años de no verla, no me acuerdo de su nombre.
Miro la hoja escrita con esta historia y no recuerdo si sucedió o la inventé.
Miro el papel amarillo y en realidad no recuerdo si lo escribí yo.