Te dije que te quería pedir algo.
Una sola cosa.
Pero no me atreví.
Te quería pedir algo de tiempo.
Pero tenía claro que tiempo era lo que menos tenía derecho de pedirte y para
peor; lo único que no podías darme.
Igual nos
seguimos viendo.
Cada vez más esporádicamente.
Cada vez quedaba más triste de esos encuentros.
Te borré del
Instagram.
Por un lado me hacía feliz de que fueras feliz.
Por un lado me ponía muy triste el que yo no fuera el que te hiciera feliz en esas
fotos.
Seguí cuidando de
ti, esperando nada.
Seguí enviándote el mismo regalo para todos tus cumpleaños.
Entonces me escribiste. Tan cariñosa como siempre. Que mejor te olvidara. Que mejor
quedarse con un recuerdo maravilloso.
Pasó el tiempo y
te hiciste cada vez más perfecta.
Pasó el tiempo y me hice cada vez una peor versión de mi personaje patético.
Soñaba que como Jenny de Forrest Gump, volvieras a casa para poder cuidarte.
Pero nunca volviste.
Una vez te vi con
tu novio que te abría la puerta del auto y te trataba como una reina.
Una vez te vi con tu hermana paseando a tus dos hijos preciosos.
Siempre pensé en acercarme y saludarte. Nunca lo hice.
Siempre te quise
preguntar si estabas arrepentida de lo nuestro.
Siempre te quise de una manera única.
Ni mejor, ni más, ni más fuerte. Tan solo diferente. Maravillosamente
diferente.
Hoy por primera
vez voy a tu cumpleaños.
Te llevo un Hennessy.