lunes, 15 de julio de 2013

Reno


No me gusta acompañar a la Cote al cumpleaños de sus amigos. No encuentro tema en común. Puede ser la diferencia de edad, de gustos, de qué se yo. No me gusta, y punto.

Pero siempre pongo mi mejor cara, me tomo un par de vodkas, me alegro y lo paso bien.

Voy pensando en todo esto mientras subimos en el ascensor a un cumpleaños más, pero esta vez, es diferente. De todas las personas del universo que podrían abrir esa puerta, apareces tú. Con la misma sonrisa, con un par de arrugas más en los ojos, un poco menos flaca, pero básicamente igual después de todos estos años.

La Cote pregunta qué de dónde nos conocemos, y sólo atinas a responder que en una época en que eras autodestructiva. Me escondo en la cocina, me hago un vodka, la Cote me reta porque lleno el vaso sin pensar, mientras miro una foto tuya con un niño que imagino es tu hijo.

Durante toda la noche hablo distraídamente y pienso que pudimos haber tenido algo serio. Que te lo dije muchas veces la vez que nos conocimos, y que te reíste, pensando que era por la borrachera.

Llega el minuto de la torta, y tienen que ir a buscar a tu marido con una grúa a la terraza. Apagas las velas y él, a duras penas te da un abrazo y te besa. Como sin ganas.

Miro la pared, hay un par de diplomas de título enmarcados.

Es dentista.

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